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¿Qué implica la apropiación cultural?

Por Lautaro Peñaflor Zangara

De acuerdo con el Censo 2010, 150.000 personas se reconocen a sí mismas como afrodescendientes en Argentina. Sin embargo, según estimaciones de organizaciones que las nuclean, en el país hay aproximadamente dos millones.

Si bien el dato puede parecer intrascendente, es -quizás- la punta de un ovillo respecto al cual en los últimos días se discutió bastante en la esfera pública.

Resulta que una popular cantante argentina decidió cambiar su estilo por unas trenzas típicas de las culturas africanas. Frente a los comentarios que recibió acusándola de “apropiación cultural”, decidió quitárselas.

Sin ánimos de cuestionar ninguna de sus elecciones, es interesante preguntarnos qué representa este concepto. Se da cuando un grupo que es mayoría y ocupa un rol de hegemonía en la sociedad, toma algún rasgo de una minoría dominada en términos sociológicos, y lo utiliza distorsionando su valor o silenciando su real significado.

Entre los afrodescendientes hay muchos tipos de trenzas, pero mencionaremos las Tropas. Son trenzas pequeñas y delgadas que se tejen pegadas al cuero cabelludo y no eran meramente estéticas: el arte de trenzar es ancestral. Marcaban rutas de escape tejidas en las cabezas de los niños, en las que se podía ver por dónde había que atravesar el río, dónde estaba la montaña, en qué partes del camino estaban los soldados y las tropas españolas. En nuestro continente, se vieron con fuerza en la actual Colombia.

Para las personas blancas de la actualidad usarlas es “chic” o un estilo exótico y jugado. Para las personas negras, con las trenzas sus antecesores escapaban de la esclavitud.

Las mujeres afro no utilizan turbantes por moda, sino porque sus cabellos rizados o trenzados les “restan seriedad” para el sentido común construido. Les niegan empleos, por ejemplo, acusándoles de falta de aseo, decoro o prolijidad. Aunque, tal vez, es algo que hacemos con más frecuencia de la que creemos.

De manera cotidiana y sin remordimiento hablamos de trabajar “en negro”, de magia negra y del gato negro que trae mala suerte. La oscuridad denota lo malo, lo indeseable. Hay un mercado negro y en las familias, ovejas negras. ¿Cuántas veces decimos “mambo” o “quilombo” para expresar lío o descontrol? ¿Sabemos que esas palabras tienen origen afro y significan cosas opuestas?

El mambo es una danza y el quilombo, un emplazamiento en el que los esclavizados se organizaban para resistir a los esclavizadores. Pero de nuestras prácticas surgen la asociación inmediata de “lo negro” con lo malo y el contraste con “lo blanco”.

¿En qué se relacionan estos conceptos con las cifras del principio? Las mismas representan que Argentina ignora su herencia negra y nativa. Lo hace de manera sistémica y eso impacta en las individualidades. Si pensamos en la construcción del Estado Nación capitalista argentino, veremos que intentábamos parecer europeos para atraer inmigración.

Claro que era impostado: en la actual Argentina había y hay afrodescendientes y pueblos originarios que no son inexistentes ni desaparecieron, sino que están invisibilizados desde hace siglos y eso, de manera sofisticada, continúa hasta hoy.

Mientras los grupos hegemónicos adoptan sus rasgos en un acto de apropiación, los afrodescendientes tienen el recorrido inverso: debieron ocultar elementos identitarios, víctimas del eurocentrismo. Pero la sociedad capitalista recoge esas experiencias y las transforma en meros objetos incapaces de comunicar.

Es cierto que la sociedad contemporánea está globalizada y la multiculturalidad es un objetivo que puede resultar provechoso. Para que lo sea, debe darse de manera consciente y respetuosa. Si su resultado es silenciar voces, no es más que una muestra de cómo se distribuye el poder en nuestra época. (Nota de opinión para Cambio 2000)

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