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Polución celular

Por Maia Franceschelli

El teléfono celular hace ya tiempo que forma parte de nuestra cotidianeidad, incluso podría decirse que es una extensión de nuestro cuerpo.

Un estudio realizado por la Auditoria Deloitte Argentina indica que nuestro país es el lugar donde los usuarios móviles parecen estar más conectados o pendientes de sus dispositivos.

El 9% de los consultados -2.000 casos- revisa sus teléfonos móviles 100 veces o más en el día y el 11% indicó que lo hace más de 200, mientras que en otros países la media ronda en un 5%.

Aumento de los niveles de estrés, trastornos de sueño, exposición a radiaciones y ondas electromagnéticas que son absorbidas por nuestro cerebro, aumento del riesgo de enfermedades en nuestro sistema inmune, dolores e inflamaciones en las articulaciones, dolores de espalda, aumento del riesgo de problemas visuales, son algunas de las consecuencias negativas que tiene este aparato en nuestro cuerpo.

Pero también su fabricación y consecuente uso provocan contaminación a la Tierra. Uno de los inconvenientes lo vemos en sus materiales. Resultan ser manufacturados con plásticos y metales como el oro, el tungsteno, el estaño y el tántalo, imprescindibles para que nuestro smartphone, tableta o cualquier dispositivo electrónico se encienda, recargue la batería, vibre.

El tántalo deriva del coltán -metal escaso que soporta cargas eléctricas elevadas-, que se extrae de las minas, principalmente en la zona de África Central, donde se ha convertido en factor de explotación y violencia.

Muchos de los dispositivos electrónicos que compramos y tanto usamos, se han relacionado con la financiación de conflictos armados en todo el planeta. Este negocio creció hasta llegar a convertirse en uno de los problemas modernos que ha causado la mayor cantidad de víctimas desde la Segunda Guerra Mundial.

Otro de los factores negativos es el alto consumo de energía. No solamente la energía requerida para cargar la batería de los celulares, también se necesita para realizar llamadas, enviar mensajes de texto y transmitir datos a través de las redes de servicios inalámbricos. Esto produce aumento de las emisiones de gases invernaderos.

Por otra parte, se estima que los agentes contaminantes de una sola batería de Smartphone podrían contaminar 600.000 litros de agua.

Un problema que se añade radica en la obsolescencia de estos productos: su corta vida obliga al usuario a cambiar de dispositivo cada dos años aproximadamente, por lo que se generan cada vez más residuos y las compañías fabrican cada vez más teléfonos.

Se torna imperativo repensar el uso y consumo que llevamos a cabo de nuestros dispositivos como usuarios. 

Y es también menester que el sector de las industrias tecnológicas adopte un nuevo modelo de producción que sea respetuoso con el medio ambiente.

¿Cuántos celulares descartamos en nuestras vidas? ¿Qué hicimos con ellos? ¿Y la gestión de la basura electrónica? ¿Alguna vez pensamos en todo esto?

Se estima que el ser humano representa el 0,01% de la vida en el Planeta, y a su vez es la especie más destructiva a pesar de nuestra insignificante existencia… ¿increíble, no? (Exclusivo para Cambio 2000)

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