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Peligro de extinción

Por Maia Franceschelli

El clima no para de darnos indicios de que las cosas están cambiando. Temperaturas bajas en el norte argentino, temperaturas altas en el sur, extinción de especies, crisis hídricas y alimentarias en África y América, y la lista sigue.

Hace pocos días atrás Argentina vivió temperaturas atípicas en sus dos polos. Jujuy se vio teñida de una blanca nieve, mientras que Tierra del Fuego registró temperaturas de hasta 30°. De acuerdo a Greenpeace, esto fue producto del cambio climático.

Esta ONG además sostiene que Argentina es el segundo miembro del G20 que más destruye sus bosques, y también recalca que continúa la apuesta por parte del gobierno nacional al desarrollo de Vaca Muerta.

Se han registrado marcas históricas de precipitaciones en la zona norte y también del litoral del país durante los últimos diciembre y enero. Estas inundaciones son las causantes de pérdidas de cultivo y ganado.

Por otro lado, se conoció el pasado 21, la extinción del primer mamífero producto del cambio climático. “Melomys rubicola” era un pequeño roedor que habitaba en un islote al norte de Australia, país con las mayores emisiones de dióxido de carbono del mundo.

Los científicos señalan que esto se debió a la subida del nivel del mar y el aumento de las tormentas, apuntando nuevamente al cambio climático como factor desencadenante.

Debido a la sequía y los huracanes, poblaciones como las de Etiopía, Madagascar y Haití se han visto afectadas por crisis alimentarias y enfermedades que azotan a los más pequeños. Los fenómenos meteorológicos externos se cobraron alrededor de 5.000 vidas en 2018, dejando cerca de 29 millones de personas que necesitaban asistencia de emergencia y ayuda humanitaria.

A fines de 2017, el gobierno sudafricano, específicamente Cuidad del Cabo, se vio en la necesidad de tomar medidas drásticas ante la posibilidad de que la ciudad se quedara sin agua. De la mano de la campaña “día cero” se limitó el consumo de agua a 50 litros diarios per cápita.  

A pesar de los esfuerzos, Sudáfrica no está exenta de esta problemática. Incluso se ha propuesto, aunque no llevado a la práctica, que un buque petrolero arrastre un iceberg desde el océano Antártico hasta la bahía de Saldanha, norte de Ciudad del Cabo, a lo largo de 1.000 millas náuticas -1852 kilómetros-.

El uso de combustibles fósiles -como el carbón y el petróleo- son algunos de los causantes de gases invernaderos. Se suman la falta de políticas a largo plazo sobre inversión de energías renovables como uno de los grandes causantes de este problema.

También la desforestación, impulsada por el avance de la frontera agrícola, afecta anualmente a unas 300.000 hectáreas de bosques. La degradación de los ecosistemas naturales impacta reduciendo las posibilidades de mitigar los efectos del cambio climático.

Otro factor es la sobreexplotación de bienes naturales -tanto terrestres como marinos- no renovables. La falta de educación ecológica no es un dato intrascendente, muy por el contrario, todo lo dice. La vara reguladora con la que medimos siempre es la del dinero por sobre todo y para todo.

Tampoco es casual que no estemos bombardeados de este tipo de noticias. ¿Habrá que preguntarse siempre a quiénes beneficia este tipo de políticas y a costa de qué?

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