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Pasaron cosas

Por Lautaro Peñaflor Zangara

La fecha límite para presentar candidaturas tiene gran relevancia dentro del calendario electoral, porque cambia la dinámica: finaliza el período para discutir quiénes serán los postulantes e inician las actividades proselitistas.

Hasta el momento, el escenario plantea a Mauricio Macri yendo por la reelección y a la oposición con, al menos, dos contendientes: la sorpresiva fórmula Fernández-Fernández y quienes prefieren a otra figura, quizás Sergio Massa o Roberto Lavagna, en un rol cada vez menos preciso.

La estrategia de Cambiemos se resume en polarizar con la ex presidenta. Siendo una alternativa que en sí misma no es capaz de encantar a grandes masas, encontró en la disputa directa con el kirchnerismo una forma de alinear al heterogéneo voto opositor. Funcionó en 2015 y en 2017.

En ese sentido, la figura de Cristina Fernández tomó cada vez más fuerza, alimentada por propios y ajenos. La seguridad de quienes gobiernan era que CFK tenía un piso de votos alto, pero un techo que resultaba insuficiente.

Pero, en palabras del Presidente, “pasaron cosas”. Los malos resultados económicos (con el trío inflación – caída del consumo – alto precio de las tarifas a la cabeza) se tradujeron en desencanto y hoy no resulta claro que el oficialismo pueda mantener controlada esa polarización que indujo.

Varias noticias generaron un tembladeral en una elección que se vislumbraba más tranquila. Cristina Kirchner volvió a la escena con la publicación de su libro y la posterior presentación.

Se expidió allí respecto a muchos temas de los que no suele hablar, sin intermediarios y eligiendo cada palabra. Relató en primera persona, sin repreguntas, su ingreso a la campaña. El éxito de ventas hizo que el tema fuera inevitable.

Pocos días después, participó de una reunión de armado en el PJ nacional, volviendo luego de más de una década. Hubo personalidades reclamando su postulación que, un tiempo atrás, hubiese sido impensado que lo hicieran.

El principal problema de CFK se planteaba puertas adentro: no es capaz de aglutinar detrás de su figura a la heterogénea amplitud que implica el peronismo, a esta altura, necesaria para competir contra el Presidente.

Una vez más, “pasaron cosas”: la confirmación de una fórmula que puede generar más consensos que su viceversa es un principio de solución partidaria. Algunos precandidatos renunciaron a sus pretensiones y más de una decena de gobernadores apoyaron a Alberto Fernández. ¿Será capaz de generar encanto en los votantes? Ahora, las principales dudas se relacionan con lo que sucederá puertas afuera.

Hoy el escenario es distinto. Mientras el PJ tiende a alinearse, el oficialismo se llenó de dicotomías. ¿Debe postularse Macri o Vidal? ¿Es necesario abrir Cambiemos para permitir el ingreso de nuevos sectores? ¿El camino que impone el FMI se contradice con los imperativos electorales del partido? ¿Funcionan sus estrategias en el nuevo contexto?

En 2015 vimos a un kirchnerismo inseguro de su candidato, ejecutando su propia disputa de poder, poco organizado y jugando a la “campaña del miedo”, mientras Cambiemos no presentaba fisuras internas.

Este año, el peronismo está parchando algunas de sus fracturas y la campaña del miedo la lleva a cabo un oficialismo resquebrajado que juega con el temor de “volver al pasado”. Si hace cuatro años el protagonismo fue de Macri, este año se logró poner a Cristina Fernández en el centro.

Hasta el momento, ninguna elección permitió festejar al gobierno y algunos socios políticos -como Elisa Carrió- no se muestran del todo orgánicos.

Nada está dicho: el macrismo -hábil comunicador, ante todo- aún no desplegó su campaña, del mismo modo que el PJ debe ser capaz de encantar a la ciudadanía más allá de lo estrictamente interno y las “terceras vías”, aún deben definir sus roles y estructuras. (Exclusiva para Cambio 2000)

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