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Números rojos en la industria textil, que acentúa su crisis

El sector vive un presente complicado y varias marcas atraviesan dificultades. Cada vez hay más locales cerrados en shopping y avenidas. La industria cree que 2019 será otro mal año.

Si nada cambia en la situación económica del país -algo poco probable-, este 2019 será el sexto año consecutivo en que el consumo cerrará con números en rojo.

Luego de una expansión continua de 12 años, la inflación comenzó a erosionar cada vez más el poder de compra de los trabajadores, con una especial aceleración desde que comenzó el Gobierno de Mauricio Macri, en virtud del reajuste de tarifas de servicios públicos y aumentos en productos básicos de la canasta familiar, como los alimentos.

La necesidad de cubrir estos gastos prioritarios provoca como efecto colateral la postergación de compras en otros sectores de menor urgencia. Uno de ellos es la indumentaria.

No hace mucho, ir durante un fin de semana a un shopping o a zonas de fuerte concentración de locales de ropa era toda una aventura. Pasillos, escaleras y veredas atestadas; empleados que no daban abasto para atender a todos los clientes; vueltas y vueltas en los estacionamientos para encontrar un lugar; eran postales cotidianas.

Hoy esas escenas son totalmente opuestas, y se ven comercios vacíos o directamente cerrados, empleados esperando que entre algún cliente, y especialmente números que no cierran.

“Con estas tasas de interés y esta caída del consumo el sector está pasando una situación muy crítica. No hay forma de recuperarse”, comenta Alicia Hernández, titular de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI). En la entidad estiman que la ropa se lleva -o más bien solía llevarse- entre un 7% y un 10% del gasto de una familia. Sin embargo, esos porcentajes hoy están por debajo debido a la pérdida de poder adquisitivo.

Esto se da en todos los sectores socioeconómicos, aunque con matices. En las clases media y alta lo que ocurre es que muchos compran menor cantidad aunque de primeras marcas; o sea, en lugar de comprar, por ejemplo, varias prendas pero baratas, prefieren comprar menos a precios más altos.

ALICIA HERNÁNDEZ, titular de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI).

En cambio, en los sectores de menor salario directamente se deja de comprar. Es por eso que el impacto negativo se evidencia tanto en marcas de renombre y grandes centros comerciales, como en zonas de precios más accesibles como en la avenida Avellaneda o ferias como La Salada.

Hernández explica que el sector tuvo reuniones con funcionarios del Gobierno en busca de un plan que reactive el consumo, pero que no tuvieron éxito. Una de las propuestas era lanzar una campaña “Semana de la Moda”, una variante de jornadas como las que se organizan en supermercados, electrodomésticos, turismo y comercio electrónico. Pero las restricciones fiscales del programa económico le pusieron un freno a la iniciativa. “Invertir en estas cosas hace que la AFIP recaude impuestos, y así no van a recaudar nada”, se lamenta la titular de CIAI.

En el período 2015-2018 la producción de indumentaria a nivel local cayó 66%. El sector recibió un primer golpe con la apertura de importaciones que hizo que muchos comercios compraran productos en el exterior. Luego llegó la primera gran devaluación del peso, lo que provocó un doble impacto.

Por un lado, dejó de ser conveniente importar, no se generó competencia y los precios se mantuvieron altos; asimismo, quienes traían ropa desde el exterior señaron los envíos con un dólar más bajo que el que tuvieron que pagar cuando recibieron los productos, lo que erosionó su rentabilidad. “Ahora que el dólar está alto lo que hay es una caída del salario que impacta directamente en lo que la gente consume”, indica Hernández.

SOS shopping

Según el último informe del INDEC, las ventas en los shopping en enero de 2019 totalizaron $5.966 millones, lo que representó un aumento de 25% respecto al mismo mes del año anterior. Es decir que la facturación creció en términos reales muy por debajo de la inflación anualizada que fue de casi el doble. Esa tendencia se viene profundizando, en menor o mayor medida, desde julio del año pasado.

En la Ciudad y el Gran Buenos Aires existen 37 shopping que disponen de 3.024 plazas, de las cuales 269 están inactivas, es decir, cerca de un 9%. Cabe recordar que hace poco se conoció que uno de ellos, el de Villa del Parque, cerrará sus puertas en junio debido a la caída de la actividad. En la distribución de locales el mayor peso lo tienen indumentaria, calzado, marroquinería, y ropa y accesorios deportivos. Entre todos ellos acumulan casi la mitad de la facturación total.

Pese a esto, para Mario Daniel Nirenberg, vocero de la Cámara Argentina de Shopping Center (CASC), las vacancias están acercándose al 5% y “se mantienen en límites aceptables para la actividad, aunque están in crescendo”. Y advierte: “Es por ello que el sector mira con preocupación la caída del consumo y espera con urgencia medidas que tiendan a reactivarlo”.

Puntualmente sobre el rubro indumentaria, sostiene que “los meses de marzo y abril tienen una caída sostenida en las ventas, pues son previos a los ajustes salariales por paritarias”. Con esto, cabe remarcar, una eventual recuperación está estrechamente ligada a si la puja entre la inflación y los aumentos salariales dan un respiro al bolsillo.

Existen también un fenómeno a destacar a la hora de analizar la cantidad de locales vacíos: el crecimiento del e-commerce como canal de venta de ropa. Año tras año es una de las categorías que más peso está ganando en el comercio electrónico.

Perspectivas

“La inflación es un dato clave, pues determina el poder adquisitivo. En la medida en que los precios continúen ganándole la carrera a los ingresos de la población, no habrá recuperación del poder de compra y las ventas del sector difícilmente mejoren”, destaca la CIAI en su último Semáforo de la Indumentaria Argentina.

Asimismo, recuerda que “la caída en el poder adquisitivo de la población condujo a menores ventas de ropa en comercios minoristas”, que según la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) decrecieron 10,7% durante marzo. Mientras que en febrero se contrajeron las cantidades fabricadas de indumentaria en un 7,9% comparado con el mismo mes de 2018, y el eslabón textil mostró una caída en su producción de 9%. Esto, además, llevó a la pérdida de más de 3.500 puestos de trabajo en el sector.

Las consecuencias de la caída del consumo y el incremento de los costos -en el caso de la indumentaria principalmente de tarifas y alquileres- llevaron a que muchas reconocidas marcas nacionales pidieran acceder a procesos preventivos de crisis o se presentaran a concurso de acreedores.

En el sector admiten que muchas lo han hecho como una forma tomarse un respiro en medio de la crisis, refinanciar deudas y congelar intereses, hasta tanto se sobrepase el momento. En cambio, otras no tenían más alternativa. “Para atrás tiene un impacto muy negativo en la cadena. Cuando una marca se concursa hay un tendal. El impacto más fuerte es lo que hay detrás de esa convocatoria”, considera Hernández.

La titular de la CIAI afirma que “teníamos expectativas de que este año sea mejor que el que pasó, pero estos números de inflación nos hacen repensar” porque “es tan fuerte el proceso de inflación que se va comer los aumentos salariales”. “Va a ser como un 2018, no vamos a tener una recuperación”, sentencia.

Usado y Marie Kondo

La caída del consumo en los locales trajo como contrapartida un aumento en las ventas de ropa usada. “Antes de lanzarse a comprar muchos buscan lo usado. Viene gente de todos los niveles”, comenta Paulette Selby, dueña del tradicional Juan Pérez Vintage, donde las ventas se quintuplicaron en el año. “Lo que más se vende es entre $200 y $800”, señala. También incide lo que Selby denomina el “efecto Marie Kondo”. La gurú japonesa del orden doméstico invita a despojarse de todo aquello que ya no se usa.

La creadora de Cheap to Cheap, Macarena Rawson Paz, no cree en el “efecto Marie Kondo”, pero agrega: “Nuestros grupos siempre han funcionado bien. En este último tiempo hay muchos locales que están cerrando y se transforman en showrooms. Y también está creciendo mucho lo que son los emprendedores chicos que tienen mejores precios y condiciones para vender. Por ejemplo, una bota que en la avenida Santa Fe te sale $5.000, en online la comprás por $2.500”. (Ámbito)


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