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Nada nuevo bajo el sol

Por Lautaro Peñaflor Zangara

La semana pasada, mientras la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) realizaba un “verdurazo” en la zona de Constitución, en Capital Federal, fueron reprimidos por la policía con gases lacrimógenos y balas de goma.

La represión en estos tiempos no es nada nuevo bajo el sol, ese mismo sol que da luz a las verduras que, desde hace años, cultivan los 15000 pequeños productores de la UTT en 14 provincias del país.

No obstante, en pocas ocasiones se vio un despliegue tan desproporcionado como en este caso. Este grupo de productores no tiene afiliaciones partidarias y encontraron una manera de protestar, reclamando políticas públicas que estimulen su forma de trabajar la tierra. Una forma original de reclamar, tal y como suele pedirse, por ejemplo, a los docentes. Parece que tampoco satisfizo.

La UTT realiza ferias itinerantes con sus productos frescos, orgánicos, libres de químicos, y los vende al precio simbólico de $ 10. Este evento fue el que se decidió reprimir. Aunque los feriantes reclaman apoyo para los cultivadores pequeños y medianos, en un contexto de crisis su protesta tiene otra significación.

Denuncian que la Policía de la Ciudad los atacó con gases y balas de goma, que también quedaron parte de las hortalizas en el suelo y que la fuerza secuestró la mercadería llevándosela en camiones.

El fotógrafo Bernardino Ávila capturó el momento en una foto que se viralizó en pocas horas. En la imagen puede verse a una anciana agachada, esforzándose para tomar del suelo una berenjena con una mano, mientras con la otra se sostiene de su carrito de las compras. Detrás de ella, a un paso, puede verse gran cantidad de policías con sus imponentes atuendos y armas en sus brazos, a quienes la señora les pasa completamente inadvertida. Una toma tristemente poderosa.

Pocos días después, en otra protesta -que también fue reprimida- de trabajadores que realizaban un “cuadernazo” frente al Congreso- Bernardino Ávila fue detenido. Una vez más encierran a trabajadores de prensa, hecho que no es único ni aislado en los últimos años, con la gravedad que conlleva respecto a la libertad de expresión, que es un pilar de cualquier sociedad libre y democrática.

La UTT tiene una misión. Sabe lo que hace y cómo lo hace. Buscan la soberanía alimenticia, promoviendo el cultivo responsable del suelo. Cuando realizan un verdurazo, algo está pasando, no es inocua esa acción: son personas organizadas, con intereses colectivos que trascienden lo individual y una visión política de la realidad.

Se trata de ideas contrapuestas a un capitalismo que fomenta el egoísmo individualista, cuya versión más marketinera quizás, es aquello a lo que llamamos “meritocracia”.

No importa el tipo de protesta de que se trate, el gobierno es afín a reprimirla. Sucedió con acampes, cortes de calles, manifestaciones durante sesiones del Congreso, y, la más reciente, con una feria. Sucedió a mujeres, a pueblos originarios, partidos políticos, trabajadores despedidos…

La razón aludida fue la ocupación del espacio público sin un permiso, cuando la autorización que exigen debe provenir -precisamente- de aquellos sujetos contra los que se reclama.

Suelen excusarse en que se trata de una “acción política”, como si reprimir no lo fuera.  Quizás molesta la organización de un grupo de pequeños productores; que son la evidencia de que existe otra forma de hacer las cosas, de que existen sujetos políticos organizados más allá de la individualidad, y que ellos disputan el espacio público de manera organizada: cada 15 días, desde 2014, UTT realiza verdurazos de manera pacífica.

¿Quién genera la violencia? ¿Qué canal de diálogo se abre con balas de goma? ¿Molesta la ocupación de una plaza o, en definitiva, molesta que la ciudadanía se organice y proteste? Son varias las aristas que deja para pensar este acontecimiento.

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