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Marcha natural

Por Maia Franceschelli

El consumo y posesión de marihuana en Argentina para uso personal recreativo se encuentra aún penado por ley. Hace pocos días se congregó una masiva parte de la población que, como todos los años, marcha para cambiar el estatus jurídico de la planta.

Las y los cultivadores, pacientes, médicos, investigadores, organizaciones cannábicas, sociales y políticas marcharon de Plaza de Mayo al Congreso de la Nación para reclamar por la legalización del cannabis para todos sus usos y exigir un debate serio en el recinto de legisladores por una alternativa a la prohibición.

Bajo la consigna de “cannabis al congreso» los usuarios exigen un cambio de paradigma respecto a esta planta -que ya tiene reconocimiento medicinal- para dejar de ser perseguidos y penados por la ley, al ser considerados para ésta “delincuentes».

La norma legal debe aggionarse a la realidad que resulta por demás evidente, puesto que el consumo existe y no debe confundirse con su comercialización. Esta última ocurre cuando la prohibición se impone, generando así un mercado paralelo, erradicable con la despenalización del auto cultivo.

La norma fundamental de nuestro ordenamiento jurídico, la Constitución Nacional, asegura en su artículo 19 que “las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”.

Entre los fallos jurisprudenciales que el poder judicial ha sentenciado, se destaca el caso Arriola del año 2009, en el cual se declaró la inconstitucionalidad del artículo 14 segundo párrafo de la ley 23.737.

En dicha ley se pena la tenencia de estupefacientes -considerando al cannabis dentro de este grupo- ante lo cual la Corte Suprema de Justicia de la Nación entiende que aquel artículo no aplica en el caso en concreto, reconociendo la inconstitucionalidad en el castigo (prisión), a una persona adulta por la tenencia de marihuana para consumo personal en el ámbito privado.

La sentencia de este fallo, no obstante, aplica únicamente a las partes involucradas en el hecho.  Pero a pesar de ello, el máximo tribunal judicial ha determinado una nueva manera de afrontar realidades que escapan a la norma actual, norma punitiva que castiga -mayoritariamente- al consumidor final.

Hay dos cuestiones fundamentales a destacar: en primera instancia, no debemos confundir conceptos: la legalidad no implica que aquello que está permitido sea bueno, como tampoco debemos asociar lo ilegal con lo malo. Uno de los ejemplos más ilustrativos lo vemos con la esclavitud o el Apartheid, que fueron legales. Hoy nadie pone en discusión que aquel fue un sistema aberrante.

Como complemento de ello, mencionaremos que, de acuerdo al libro “Un libro sobre drogas», publicado por los científicos que forman parte de “El Gato y la Caja», el alcohol se lleva el puesto número uno a la nocividad… sustancia totalmente legal.

La segunda cuestión versa sobre los negocios que hay detrás de este entramado jurídico legitimador de intereses poderosos: despenalizar el consumo de cannabis va de la mano con la liberación del auto cultivo, y es allí donde los que manejan los hilos de este sistema, ven afectados sus bolsillos.

Es momento de debatir una cuestión semejante en los tiempos que corren, dejando a un lado la moral y los prejuicios, informándonos fundamentalmente, puesto que es un tema que resulta instaurado en la sociedad de manera errónea y, en el mejor de los casos, incompleta. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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