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Los cómplices del hambre

Por Maia Franceschelli

En estos días las noticias provenientes de China se han esparcido de manera vertiginosa. De modo contrario, y fundamentalmente por parte de los medios hegemónicos, escasea la información sobre la tragedia que azota al norte de Argentina.

Los números oficiales sostienen que 6 infantes pertenecientes a la comunidad wichi fallecieron en este último mes en la provincia salteña por desnutrición y deshidratación. Pero sabemos que son más las vidas que el agronegocio -financiado por el estado- ha tomado.

En los últimos 10 años el desmonte ha terminado con 1.200.000 hectáreas de bosque nativo, desalojando a cien mil mujeres, hombres y niños que vivían, comían y se curaban bajo su frondoso techo.

El cacique Modesto Rojas manifestó que “vino Arroyo y no quiso hablar con nosotros”, haciendo referencia al Ministro de Desarrollo Social que pasó por Salta cuando ya se sumaban 3 muertes, de la mano de las tarjetas alimentarias como panacea. 

Las comunidades originarias junto a profesionales sanitaristas enviaron una carta a Médicos Sin Fronteras (MSF), con solicitud a los gobiernos nacional y provincial, para que permitan que la fundación internacional se pueda instalar en la zona para poder desarrollar “acciones de contención sanitaria y de infraestructura básica, hasta que los argentinos podamos reconocer y dar una respuesta al problema que nuestro sistema productivo está generando a esta población que se estima entre las distintas etnias de casi 100.000 personas”.

Denuncian que la situación sanitaria es gravísima, la desnutrición es generalizada, y niños con marasmo y kwashiorkor al estilo africano se detecta en casi todas las comunidades. La tuberculosis y el chagas tienen índices de incidencia altísimos, en tanto que la mortalidad materna se sospecha que también es muy elevada.

La muerte, producto del saqueo y la destrucción, no es nueva para las comunidades: de enero a junio de 2011 trece niños fallecieron por desnutrición y por enfermedades parientes del hambre, en la Salta que Urtubey había heredado de Juan Carlos Romero.

En 2016 se fue un niño por mes en la Salta y el Chaco que comparten el desmonte y el desprecio. El último en Rivadavia, una de las parcelas más castigadas de la provincia de los Urtubey, quienes partieron a España luego de 12 perpetrados años en el poder.

El verano de 2017 se devoró a 21 niños wichis. Doce bebés en ese verano brutal nacieron muertos porque sus madres languidecían de hambre y de sed, cercadas por el abandono y la desidia.

En el documento elevado reflejan que “la respuesta del estado nacional y provincial ha sido totalmente insuficiente para ayudar a los pueblos nativos despojados de sus bosques. Incluso el gobierno de Urtubey siguió autorizando desmontes a favor de grandes grupos sojeros en el lugar y sus equipos de salud en el terreno son muy escasos y no cuentan con recursos suficientes ni capacidad para enfrentar la crisis humanitaria”.

Mientras se continúa apuntando el pánico hacia el Coronavirus de China, en nuestro país los más pequeños mueren de hambre y de sed en el verano feroz sin árboles ni agua del chaco salteño desmontado, desguazado y expoliado ancestralmente. El Estado es cómplice. Los medios de des-información también. (Artículo de opinión para Cambio 2000)

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