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Las fake news y las elecciones 2019

Por Lautaro Peñaflor Zangara (*)

Lentamente palabras como trolls, bots o fake news fueron introduciéndose en nuestro léxico.  Se trata de un lenguaje específico de la comunicación y la circulación de mensajes propio del último tiempo que se da, principalmente, a través de las redes sociales.

Las mismas tomaron un rol protagónico no sólo porque las personas deciden usarlas, sino también porque el flujo de información a través de ellas se tornó un elemento preponderante en el discurso y las discusiones públicas.

Es común ver noticias en los medios tradicionales referidas a expresiones que se volcaron en Twitter. Los diarios, las radios y los noticieros televisivos le dedican tiempo a lo que se twittea.

El ámbito político no es ajeno. En las elecciones 2015 Cambiemos destinó una gran parte de su presupuesto a la realización de una campaña 2.0, con fuerte anclaje en internet. Se planearon “twittazos” y el cierre de campaña fue virtual. Seguramente influyeron muchos otros factores, pero a los efectos de este análisis, debemos recordar que la campaña del kirchnerismo acudió a recursos más tradicionales. El resultado ya lo conocemos.

Con el uso de estos elementos comenzaron a aflorar nuevas formas de influenciar la opinión pública. La virtualidad ya no se presenta como un espacio transversal y democrático, en el que el diálogo se desarrolla en condiciones de igualdad entre todos los usuarios.

Surgieron los llamados “bots”, que son programas informáticos capaces de enviar miles de mensajes en poco tiempo, instalando así distintos temas. También los “trolls” que son usuarios falsos, que cumplen la misma función. Y se volvió común la difusión de “fake news”. Las mismas son noticias falsas, que resultan verosímiles a simple vista, pero que no tienen ningún sustento real. Además, suelen ser agresivas, pues su objetivo es llamar la atención fácilmente.

Las fake news son difundidas, en parte, por los bots y los trolls. Una vez que alcanzan cierta instalación, los usuarios hacemos nuestra parte compartiéndolas. De esta forma, además de alimentar ciertas opiniones, también se pierde la relación de uno a uno que proponían originalmente las redes sociales: hay verdaderos ejércitos de usuarios falsos o automáticos que tienen más peso que cualquier usuario individualmente.

Esta modalidad es frecuentemente utilizada, no sólo cuando estamos frente a una campaña (existen informes muy específicos sobre cómo influyeron las noticias falsas en las elecciones que ganaron Jair Bolsonaro y Donald Trump, por ejemplo), sino también para confirmar o desmentir ciertos temas.

Amnistía Internacional difundió un extenso documento, disponible en su página web, en el que denuncia la existencia de ejércitos de trolls que responden a Marcos Peña, Jefe de Gabinete de Ministros. Además, explica como caso testigo la difusión de muchas noticias falsas en torno al caso Santiago Maldonado.

Esto quiere decir que la modalidad de instalar mensajes falsos y belicosos llegó al Estado, tornándolo aún más grave, considerando que se trata de distorsiones intencionales de los hechos que pueden dañar a personas o colectivos.

El siguiente paso de las fake news es su difusión por medio de WhatsApp. En el marco de las próximas elecciones, deberemos estar atentos a la propagación de este tipo de mensajes. Su circulación, como vimos, puede afectar la toma de decisiones.

Debemos relativizar la información que nos llega y no caer en los simples “lo vi en Facebook” o “me lo pasaron por WhatsApp”. Es momento de ser exigentes con nuestros consumos informativos, volviéndose imperioso que las redes sociales y los gobiernos tomen medidas para prevenir la difusión de mensajes que puedan alterar negativamente la calidad de la información.

(*) Exclusivo para Cambio 2000

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