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La vida de un caballo

Por Maia Franceschelli

El ser humano ha utilizado a diversos animales para llevar a cabo distintas actividades, y continúa haciéndolo. Los caballos no escapan de esta lógica. Se han sofisticado los mecanismos pero la crueldad sigue intacta.

El caballo es uno de los animales más maltratados por el hombre, pese que a lo largo de la historia ha sido protagonista fundamental de hechos significativos para la humanidad. La civilización ha viajado sobre sus lomos sometiéndolos a su voluntad mediante el uso más o menos refinado del dolor como método coercitivo.

Actualmente ya no suele ser tan necesario en el uso militar y tampoco en el uso civil como transporte. Pero mantenemos al caballo como animal de ocio y deporte.

Las jineteadas gauchas, las carreras y el polo son algunos de los deportes que usualmente consumimos con naturalidad. En el caso específico de las jineteadas, lo hacemos porque responde a lo que llamamos “ideario nacional”, porque representan lo tradicionalista, las costumbres. Esta idea nos ha llevado a avalar sin cuestionamientos el maltrato animal.

A la corta edad de 2 años, cuando comienza su vida “útil”, el equino aprenderá a dejarse poner un bocado sobre las encías, que será el máximo instrumento de sumisión que soporte. Por sus encías, al igual que por las nuestras, pasa el nervio trigémino que cuando se inflama produce dolor.

En las carreras o turf, el caballo es obligado a correr también desde muy temprana edad y es encerrado, siendo que por naturaleza son seres claustrofóbicos, saliendo con el fin de correr de competencia en competencia. Sufren estrés y también el suministro de químicos para mejorar su rendimiento y mantenerlos vistosos.

En el polo, con la combinación de velocidad punta, tirones de boca, golpes con el taco e incluso con la bocha (pelota), pechadas (empujones obligados de unos caballos a otros), estos animales, como consecuencia del estrés, pueden incluso llegar a morir de infartos durante el partido, a pesar de que cada caballo solo juega un cuarto de hora y cada jinete necesita de cuatro.

Detrás del polo encontramos también el millonario negocio de la clonación, que desde 2003, año en que fue posible clonar el primer caballo de polo, posibilitó el surgimiento de empresas dedicadas a esto. Se buscan a los mejores ejemplares, de buen linaje y con genética destacada que luego de ser sometidos a este proceso, son utilizados en las canchas, como criadores o para su venta.

El primer clon de polo vendido en el país fue en el año 2010. Se trató de un clon del caballo del famoso polista Adolfo Cambiaso, con un costo de 800.000 dólares, quien incursionó en la clonación mediante Crestview Genetics, compañía que produce aproximadamente 50 clones al año.  Mientras que el primer clon de caballo de polo en Argentina, y en todo Sudamérica, fue generado por el laboratorio Kheiron Biotech en 2013.

Desde ese momento se han clonado una gran cantidad de ejemplares, siendo Argentina productora de los mejores caballos de polo, debido a sus características y rasgos distintivos de velocidad, fortaleza y resistencia que determinan la raza de Polo Argentino.

Su realidad, cualquiera de todas ellas, resulta no ser otra cosa que esclavitud y maltrato. Y nosotros continuamos evidenciando una y otra vez la clase de raza que somos, que doblega al resto de las especies para satisfacer a nuestro común Dios: el dinero.

¿Cuántas veces vimos a un caballo libre, sin ser sometido a una actividad humana? (Especial para Cambio 2000)

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