|  

La verdad láctea

        Por Maia Franceschelli

El alimento natural más poderoso con el que cada especie se encuentra en los comienzo de la vida es la leche. La leche que produce el cuerpo humano gestante tiene infinidad de propiedades que permite el desarrollo y crecimiento del ser. La principal función de la leche es la de nutrir a los hijos hasta que son capaces de digerir otros alimentos.

El ser humano es el único animal que se alimenta de la leche de otras especies cuando culmina su período de lactancia y lo hace no sólo consumiendo leche de vaca, sino también de cabras, ovejas, búfalos, camellos, yeguas, alces, cerdos, llamas, etc.

Numerosos son los estudios por parte de prestigiosas instituciones tanto a favor del consumo de leche de vaca como en contra de él. Diversos son los puntos que se analizan a la hora de evaluar si la ingesta de este producto resulta ser o no beneficioso para el ser humano. Pero en lo que haremos hincapié es en el negocio que hay detrás de la explotación animal.

La industrialización de este alimento pone en evidencia los crueles mecanismos que se utilizan para que la producción sea masiva, perdiéndose de vista cuán perjudiciales resultan ser todas las condiciones en las que se hallan estos seres. 

Las vacas resultan ser manipuladas genéticamente a través de la inseminación artificial y a menudo drogadas con el fin de que produzcan diez veces más leche de la que naturalmente producirían para alimentar a sus crías.

El animal es ordeñado de dos a tres veces por día incluso cuando están preñadas. Cabe mencionar que el ciclo natural de vida de una vaca es de alrededor de veinticinco años pero, aquellas que son utilizadas por la industria láctea son matadas luego de cuatro o cinco años, puesto que quedan ineptas debido al intenso confinamiento, la suciedad y el estrés de ser constantemente preñadas y ordeñadas.

A esto se le debe sumar que desde el momento en que una nueva cría es dada a luz, la misma es separada de su madre, pasando a ser alimentada por sustitutos artificiales carentes de hierro que les provocan anemia severa con el objetivo de mejorar la carne, puesto que esa cría está destinada a su posterior consumo en el caso de los machos, mientras que las hembras sufren el mismo cruel destino que sus procreadoras.

Al ser esta leche no destinada naturalmente para el consumo humano, la misma debe ser tratada mediante varios procedimientos con el fin de eliminar los microorganismos que contienen, los cuales son dañinos para la salud humana. Recordemos además que, todo químico que se les proporciona, también contaminan su leche.

Este negocio industrial impacta negativamente sobre el medioambiente ya que cada litro de leche que llega al consumidor cuesta más de mil litros de agua. Parte de esta agua vuelve al entorno cargada de residuos contaminantes. Además la mayor causa de desforestación es el cultivo de grano para alimentar ganado.

¿Vamos a seguir indignándonos solamente cuando el maltrato es sobre aquellas especies que tenemos más cerca? Repensar nuestras relaciones con el medio del que somos parte es una necesidad que no puede ser pasada más por alto.  (Exclusiva para Cambio 2000)

Categorías

error: Content is protected !!