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La muerte de la niña wichi que evidencia nuestras contradicciones

Por Lautaro Peñaflor Zangara (*)

Hace pocos días, una niña wichi de 13 años fue trasladada de urgencia a un hospital con un cuadro de desnutrición crónica, anemia y neumonía. También llevaba un embarazo de 28 semanas. El bebé falleció al nacer y ella, tras sobrevivir al parto, también murió.

Vivía en el impenetrable chaqueño, zona de difícil acceso y niveles de pobreza extremos.  Específicamente, en el paraje El Sauzal, a 400 kilómetros de la capital. Allí no hay agua potable y la electricidad está disponible sólo unas horas al día.

En Chaco el índice de embarazo de mujeres menores de 15 años triplica la media nacional. Muchos casos revelan tramas de abusos intrafamiliares. Allí, en lo que va del año, murieron 15 jóvenes con diagnósticos de desnutrición con gestación en proceso.

Debemos analizar lo sucedido a la luz -o la oscuridad- de su contexto. No se trata de datos aislados, ni es el hecho reciente el único de su tipo: representa a toda una clase, víctima de múltiples opresiones que la colocan en lo más bajo de la pirámide social.

Durante los últimos meses nos dedicamos a discutir el rol de las mujeres en la sociedad, la igualdad de derechos y -específicamente- la interrupción voluntaria del embarazo. Las preguntas que surgen ponen en evidencia muchas de esas cuestiones.

¿Tuvo la posibilidad de acceder a instancias de educación sexual la niña? ¿Puede pensarse la educación sexual, si a ciertos sectores no llega ni siquiera la educación básica? ¿Qué hubiese elegido la joven si hubiese podido decidir respecto a su situación? ¿Quiénes están visibilizando este caso con el fin último de que no vuelvan a suceder cosas así?

Aquí no se salvó ninguna vida y eso es lo que sucede cuando las políticas públicas se traman sin tener en cuenta las realidades diversas y plurales, sino por lobby de sectores con suficiente poder para conseguir votos.

La niña convivía desde los 11 años con una persona casi diez años mayor a la que llamaba “su marido”. La Subsecretaría de la Niñez de Chacho elevó una denuncia por abuso a la menor. Si bien aún no hay detalles del caso, sí se presume el abuso por su edad.

Aquí volvemos a preguntar: ¿qué habría pasado si la niña hubiese tenido la suficiente educación -esa a la que muchos se oponen- para hacer propia la posibilidad de elegir?

Los pueblos originarios sufren día a día el olvido: mientras reclaman su derecho a la educación bilingüe, en consonancia a su cosmovisión y el respeto de su cultura, la falta de herramientas sigue cobrándose víctimas. En su lugar, el Estado los criminaliza y los persigue.

Opresión por ser mujer, por reconocerse como integrante de un pueblo originario y por ser pobre. Todos lugares en los que el Estado se diluye hasta invisibilizarse.

Podemos recordar otro caso que también involucró niñez, pobreza y desnutrición: el pequeño qom que tenía 7 años y pesaba 20 kilos. La noticia fue que se llamaba Néstor, igual que el expresidente. Entonces el caso pareció importar.

Leer en una misma noticia las palabras que reúne ésta resulta muy impactante: niña, abuso, pobreza, pueblos originarios… No obstante, el caso no tuvo la repercusión que tienen otras cuestiones, sin duda, más frívolas.

¿Qué nos preocupa realmente? ¿Cuáles de esas preocupaciones son auténticas? ¿Qué priorizamos cuando la realidad nos interpela? Este triste episodio nos deja mucho en qué pensar.

La muerte de una niña de 13 años, wichi y en situación de extrema pobreza, pone delante de nuestros ojos todas las contradicciones que nos pasan por delante de los ojos cada día. Nuestras opiniones respecto a los derechos de las mujeres, la pobreza estructural y los pueblos originarios son tres de ellas.

(*) Exclusivo para Cambio 2000

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