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La media sanción del presupuesto en la Cámara de Diputados

Por Lautaro Peñaflor Zangara

El miércoles 24 a las 11 comenzó la sesión de la Cámara de Diputados en la que se trató el presupuesto para el próximo año. Conforme desarrollamos anteriormente, el presupuesto busca como objetivo principal la “reducción del déficit fiscal”, eufemismo de recortes transversales en todo el aparato estatal, que impactarán en cada sector en mayor o menor medida.

Se podía prever que no sería una sesión tranquila y cada minuto desde el inicio ratificó las predicciones. En el exterior del Congreso la concentración de manifestantes iba creciendo. Algunos legisladores llegaron con provocadores mensajes, y hasta hubo quien llevó una gigantografía de Christine Lagarde, directora del FMI, con la banda presidencial nacional. El quorum fue ajustado y la mitad del recinto colgó en sus bancas carteles que expresaban su rechazo al presupuesto.

Iniciada la sesión, y luego de dos fuertes primeras alocuciones con acusaciones cruzadas -a cargo de Luciano Laspina defendiendo el proyecto y Axel Kicillof en contra del mismo- el clima se tensó al máximo, cuando los diputados Nicolás Massot y Daniel Filmus amenazaron con pelear a las piñas, en un confuso episodio.

Pero la violencia no sólo creció en el interior, sino que entre quienes se expresaban afuera también aumentaba el malestar. El pico mayor llegó con la represión por parte de las fuerzas policiales que, con balas de goma, quisieron calmar un incendio rociándolo con nafta. Dato no menor: la tarde anterior, en las inmediaciones del Congreso, aparecieron containers llenos de piedras, aparentemente ligados a obras del gobierno de la Ciudad.

La sesión debió interrumpirse en dos ocasiones, una de ellas para recibir al Ministro de Seguridad porteño a cargo del operativo. Hubo heridos y, al menos, 27 detenidos. Entre ellos, una vez más, trabajadores de prensa. A algunos de ellos les rompieron sus herramientas de trabajo.

Fue violenta la actuación policial, pero también lo fue la diputada Elisa Carrió diciendo que no hubo represión cuando podíamos ver lo contrario. Y también pretender simular que nada pasaba a pocos metros del recinto, como si el Congreso fuera un micromundo sin correlación con el exterior. ¿O acaso es así?

Mientras transcurrían los minutos podíamos evidenciar una suerte de deja vu que nos trasladaba a diciembre del año pasado cuando, en el tratamiento de la Reforma Previsional en la misma cámara, las imágenes fueron iguales. Tristes postales de la Argentina contemporánea, esa en la que nadie quiere vivir, en la que la represión es simultánea al hecho democrático de sancionar leyes, en la que no se respeta el espacio público y en la que una norma es aprobada en un recinto rodeado de fuerzas de seguridad, sin escuchar a miles de personas que se expresan a metros.

La Cámara de Diputados aprobó el proyecto con 138 votos afirmativos, 103 negativos, 8 abstenciones y 7 ausencias. El siguiente paso será el tratamiento en el Senado -donde el panorama es menos hostil con el oficialismo- entre la segunda y la tercera semana de noviembre.

Los números estaban definidos y sabíamos que el presupuesto tendría su media sanción. Pero -en contexto de cercanía electoral- la oposición no sólo necesitaba oponerse votando en contra, sino también el acto performático de que ese rechazo fuera visible, que se notara.

Luego de la sesión, que duró cerca de 17 horas, los escándalos estuvieron centrados en apelar a las reacciones respecto a los disturbios: cuánto costará arreglar lo que se rompió, o qué debemos hacer con los extranjeros que se manifestaron. Del presupuesto, prácticamente no volvimos a hablar.

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