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La copa menstrual: saludable, económica y ecológica

Por Maia Franceschelli

El devenir del tiempo nos trae nuevas maneras de encarar los paradigmas que nos atraviesan. La menstruación y la forma en que la sociedad trata a los cuerpos gestantes no son ajenas a estos cambios. Escasa e incompleta ha sido la información y enseñanza que hemos recibido acerca del tema, pues aun hoy cuesta tratarlo con la naturalidad que merece.

El mercado publicitario, reinado por las toallitas higiénicas, nos ha creado una imagen de la menstruación que dista mucho de la realidad. Se inculcó que es algo incómodo, que debe quedar en el ámbito privado de cada una, que se debe ocultar…

La dinámica que plantearon las empresas a lo largo del tiempo como estrategia de marketing para captar a los usuarios no se condice con las distintas realidades que vivimos. Hay toda una construcción sociocultural en torno a ello, pues estos productos aparecen bajo un contexto social que determina formas específicas de enunciación y reconfiguración de valores, roles y estereotipos de género.

La vorágine del mercado nos forma, no solamente como usuarios de toallitas, sino que además nos las muestran como la única posibilidad de consumo. 

Una de las opciones que cumple con las características de ser saludable, económica y ecológica es la toallita de tela. Hay diversas opciones para escoger, del material que prefiera cada una, por ejemplo, algodón, bambú, franela, tela polar, entre otras. Además, la tela puede ser orgánica o convencional. Es más cómoda, pues la piel está en contacto con tela suave evitando posibles irritaciones.

También la toallita de tela se encuentra libre de químicos. Está disponible en diferentes tamaños, lo cual resulta ideal, teniendo en cuenta que nuestros cuerpos son únicos. Son de fácil lavado y, aunque lavarlas parezca un peso extra, la realidad es que lavamos nuestra ropa cada semana, de manera que lo único que debemos hacer es recordar agregarla en algún lavado de ropa que estemos haciendo.

Otra alternativa poco conocida y en auge dentro de este mercado, debido a sus bondades en comparación a las demás ofertas -en su mayoría de material descartable- es la copa menstrual.

Es una opción saludable que se fabrica con silicona quirúrgica hipoalergénica, a diferencia de toallitas y tampones desechables, productos que -como demuestran estudios realizados por la OMS (Organización Mundial de la Salud)- contienen glifosato. Este químico ha sido reconocido como posible cancerígeno, al causar daño al ADN y cromosomas de las células humanas analizadas. Esto motivó que el glifosato fuera prohibido en 74 países.

Por otro lado, la copa es de fácil colocación e higienización y no permite que los gérmenes se acumulen en ella. Podemos llegar a utilizarla hasta 12 horas seguidas sin generar mal olor. No desestabiliza la capacidad natural de auto limpieza y nos permite tener un control y registro sobre cómo se encuentra nuestro cuerpo.

La misma es reutilizable y su vida útil se estima en 10 años, lo cual favorece no sólo a nuestra economía -ya que nos desaparece un gasto fijo mensual- sino que también impacta en la naturaleza, al no producir desechos que no podrán ser reciclados.

Cabe mencionar que la producción industrial de la copa comenzó en la década de 1930 pero, sin embargo, no fue hasta hace poco tiempo que se hizo más conocida. Podríamos preguntarnos, entonces… ¿a quién favorece el consumo mensual sostenido durante años, tiempo en el cual se utilizan protectores desechables? ¿Será a aquellos mismos que contaminan al ser humano y al planeta Tierra?

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