|  

“La casa está en orden”

Por Lautaro Peñaflor Zangara

“No hay sangre en la Argentina”, decía Raúl Alfonsín, por entonces Presidente de la Nación, en la Pascua de 1987, dirigiéndose al pueblo argentino luego de un levantamiento carapintada que hacía peligrar la floreciente democracia en el país.

Varios años después, y en la proximidad de la misma celebración religiosa, un anuncio de un primer mandatario volvió a captar la atención de todos los ciudadanos. En un contexto de recesión con alta inflación, en medio de una situación económica frágil y duros indicadores que hacen notar la crisis, el Presidente Mauricio Macri decidió dar anuncios al pueblo.

Si entonces el Jefe de Estado se dirigió a una multitud en una plaza con un encendido discurso; en esta ocasión Mauricio Macri optó por una fórmula conocida entre sus recursos comunicacionales: grabar un video con pretendida e impostada espontaneidad, en el que visita a una familia de vecinos con los que habla de la actualidad del país. La comunicación política en los tiempos del streaming.

Se construyó una escena de aparente horizontalidad, con un mensaje grabado de manera relativamente casera, con audio difícil de escuchar por momentos. La fuerza estuvo puesta en los conceptos “llevar alivio”; “te seguimos apoyando” o “el corto plazo está duro”. Nada casual.

No obstante, en un país con un tercio de pobres, anunciar por video una canasta de precios accesibles o créditos a beneficiarios de planes sociales resulta algo irónico. La cercanía que se pretende construir a través de las pantallas, en los hechos no es más que una gran distancia alienada de las realidades a las que se pretende salvaguardar.

La peor parte quedó a cargo de los ministros del gabinete. A Carolina Stanley, Nicolás Dujovne y Dante Sica les tocó encabezar la conferencia de prensa en la que se detallaron las medidas, difundidas previamente en un documento y refutadas de a una por especialistas. El objetivo fue mantener al Presidente aislado de las malas noticias, para mostrarlo empático y cercano.

La pregunta que surge es si, acaso, no es un valor para los ciudadanos ver al primer mandatario enfrentando una mala situación, “dando la cara”. La respuesta es que Macri no sólo es el Presidente, sino que también es el candidato a ser reelecto dentro de pocos meses, y se comportó como tal: si al jefe de estado le suma, a un candidato a la presidencia le resta, al vincularlo directamente con una situación desfavorable.

Extraña situación en la que los dos candidatos que más miden deben callar en lugar de hablar, por sugerencia de sus asesores de comunicación.

Debemos decir, no obstante, que la estrategia de comunicación del gobierno no cambió desde su llegada al poder, en 2015. Encuentros ficcionados con vecinos, timbreos con aparente espontaneidad y bombardeo por redes sociales fueron parte de la gama de elementos de los que se valió el PRO desde el primer momento a la hora de relatar.

Lo que sí cambió fue la mirada crítica de algunos comunicadores que ocupan sitios de hegemonía: mientras antes solían ser parte del juego necesario para que esas acciones tengan rebote, en esta ocasión pareció ser unánime la respuesta negativa a la forma que se eligió para dar respuesta a los ciudadanos. En un contexto más hostil, se pone de relieve la distancia entre un video impostado y las distintas realidades que presenta un país en crisis.

El gobierno propuso medidas que no son más que paliativos efímeros, cuya finalidad está más cerca de procurar un mejor clima camino a las elecciones que de mostrar alguna voluntad de cambio, dejando en claro que no hay más programa económico que endurecer y profundizar el ajuste y el endeudamiento. Alejar al Presidente del anuncio deja en claro que no son buenas noticias. Esta vez, la casa no está en orden. (Especial para Cambio 2000)

Categorías