|  

Imitar el ejemplo de San Martín

La emblemática figura del Libertador General José de San Martín, considerado el Padre de la Patria a partir de su liderazgo en las luchas por la independencia de los países sudamericanos a principios del Siglo XIX, emerge cada vez que se habla sobre el estado de la nación argentina.

Indiscutido, su legado se proyecta hasta estos días en los que la política y sus protagonistas no suelen sobresalir por su dimensión moral o el altruismo, muy por el contrario, la corrupción parece ganarle la batalla a la transparencia y la decencia, la soberbia y el yoísmo al diálogo y al consenso.

El imaginario colectivo de la Argentina reivindica a San Martín como el prócer más importante, un estratega militar como pocos que fue capaz de preparar un Ejército para cruzar la cordillera de Los Andes y luego un político honesto, un valor democrático que rápidamente brilla en tiempos donde la política no acostumbra a identificarse como el arte de mejorar la calidad de vida de la gente sino como un negocio que beneficia a los políticos y sus familias. Ejemplos… sobran.

San Martín, un hombre que sigue siendo hoy día objeto de la investigación de los historiadores, dejó entre otros conceptos transversales a la historia misma aquel que dice que “todo buen ciudadano tiene una obligación: sacrificarse por la libertad de su país”. Además, en tiempos bisagra para consolidar la joven república que busca cortar la dependencia de la corona de España, este héroe nacional de convicciones inalterables expresó que “para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral”.

¿Cómo nos interpela estas máximas sanmartinianas a cada uno de los argentinos en la actualidad? Para algunos, en una dimensión superior de la república, “defender la libertad” puede significar la necesidad de combatir el poder de los “monopolios” de entrecasa que siempre buscan condicionar la acción del Estado o bien la presencia del Fondo Monetario Internacional que, en forma directa, obliga al Gobierno a constantes ajustes y perjudica al pueblo argentino.

Y en una instancia cotidiana, “sacrificarse por la libertad” puede interpretarse en cómo podemos ser mejores ciudadanos, aportando un granito de arena en las pequeñas cosas.  Respetar la ley, desde frenar en las esquinas para que un peatón atraviese la calle hasta frenar el automóvil en cada intersección para no poner en riesgo la vida de nadie, desde comprometernos con el medio ambiente hasta participar en las instituciones de la sociedad civil o desde respetar al otro sin ejercer violencia hasta ser solidarios con quienes menos tienen.

San Martín murió un 17 de agosto de 1850 en un pequeño pueblo francés. En casi todas las localidades argentinas hay una plaza, un monumento, una calle, una escuela o un club con el nombre de San Martín. Su imagen trasciende las fronteras e incluso en 1951 fue inaugurada una estatua en su honor en el Central Park de Nueva York.

El desafío entonces es cómo en lugar de recordar sus hazañas y su pensamiento político llevamos a la práctica sus palabras para lograr, de una vez por todas, un mejor país para todos.

Categorías

error: Content is protected !!