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Hombre al agua

Por Maia Franceschelli

La actividad pesquera acompaña al ser humano desde remotos tiempos. Las tecnologías han posibilitado al hombre alcanzar metas que antes eran impensadas. Las técnicas se han sofisticado y han permitido aumentar en demasía los resultados.

Pero las condiciones han cambiado y hoy es menester abordar esta práctica con otras perspectivas.

La pesca marítima y continental, junto con la acuicultura, proporcionan alimentos, nutrición y son una fuente de ingresos para unas 820 millones de personas en todo el mundo, mediante su recolección, procesamiento, comercialización y distribución.

Todos los años se extraen de los océanos más de 77,9 millones de toneladas de pescado y marisco. De hecho, la tasa de crecimiento anual de pescado disponible para consumo humano ha superado a la carne de todos los animales terrestres juntos.

Para sorpresa de nadie la captura mundial no es estable ni se reparte equitativamente entre las naciones del mundo.

National Geographic concluye que la demanda mundial de productos del mar ha hecho que las flotas pesqueras lleguen a todos los caladeros vírgenes del mundo, no quedando sin explotar ningún rincón del océano. Pero ni siquiera eso es suficiente. Un aumento sin precedentes de la capacidad pesquera amenaza con agotar las reservas de todos los caladeros, los antiguos y los nuevos.

Un informe del Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que el ritmo actual de la explotación provoca que no haya en el océano suficientes peces para abastecer la demanda. De hecho, indica que aunque redujéramos a la mitad los barcos, anzuelos y redes, la pesca seguiría siendo excesiva.

Pero esto no termina acá. La sobreexplotación de especies marinas no es la única nefasta acción que llevamos a cabo. La destrucción y contaminación de hábitats vienen aparejadas de esta práctica insostenible.

La irrupción de grandes barcos y las técnicas que se llevan adelante para poder pescar atentan destruyendo los espacios que son hogar de los seres del mar. Además, al posibilitarse mayores cantidades de extracciones, algunas especies se vuelven escasas con más rapidez, provocando esto una intervención directa en sus ciclos reproductivos.

Los desechos generados por el hombre a lo largo del mundo tienen un impacto directo en estas aguas.

Basura industrial, urbana y agrícola van a parar allí. Los océanos se encuentran minados de botellas de plástico, juguetes, aparatos electrónicos descompuestos, redes de pesca abandonadas y millones de fragmentos de desechos. A esto se le suman los derrames de petróleo y el vertedero de residuos tóxicos.   

Estas extensiones acuíferas no solo deben importarnos porque son fuente de alimento, agua, energía y trabajo. Ellos sirven de regulador climático, ya que absorben el exceso de calor del planeta y regulan los efectos del cambio climático.

Pero también producen la mayor parte del oxígeno con el que contamos en la atmósfera, incluso más que los bosques y selvas de la corteza terrestre.

En estos momentos, en tan sólo 10 segundos se habrán asesinado 296.648 peces silvestres, 57.861 camarones, 11.621 peces de granja y 8.679 crustáceos…. ¿acaso estás cifras lograrán movilizarnos? (Nota de opinión exclusiva para Cambio 2000)

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