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El peligro de contar lo que se debe saber

Por Maia Franceschelli

La fractura hidráulica o fracking ya es mundialmente conocida y Argentina no está exenta de ello. Esta técnica permite la extracción de gas y petróleo de yacimientos no convencionales. Sus efectos nocivos no suelen ser difundidos y no es casual pues, con esta práctica se acceden a los combustibles fósiles que mueven y dominan el mundo… económico.  

En Argentina varias son las provincias afectadas con este tipo de acciones. Aumento de la actividad sísmica, mayores emisiones de gases de efecto invernadero, contaminación al aire con sustancias de alta toxicidad, contaminación del agua superficial y subterránea y uso de grandes volúmenes de agua son algunos de los nefastos resultados.

Hace pocos días trascendió un hecho que desde dos perspectivas es, lamentablemente, habitual en nuestro país. El estudiante de fotoperiodismo alemán Stefan Borghardt fue detenido en la comisaria N° 10 de Añelo, provincia de Neuquén, por haber documentado fotográficamente el basural petrolero a cielo abierto que genera Vaca Muerta en el valle rionegrino.

Stefan relata el horror vivido durante su detención a través de su cuenta de Facebook. El joven se encontraba retratando piletones de 50mts., cuyo contenido son restos de fluidos derivados de la extracción petrolera, cuando fue interceptado primero por personal de seguridad de la empresa Treater Neuquén S.A. y luego detenido por la policía.

Denuncia que durante el trayecto a la comisaría, el oficial de policía reprodujo contenido de su teléfono celular, obviamente sin su autorización. Luego, una vez en el sitio, pretendieron hacerle firmar un acta sin previa lectura de la misma y, ante su negativa, la respuesta fue encerrarlo en un calabozo.

Expone que fue víctima de golpes, patadas e insultos de contenido racista y hasta amenazado con una navaja por uno de los oficiales. Al liberarlo, firmó lo que supone era la denuncia contra su persona, la declaración de la hora de detención y liberación y además el acta, donde constaba la devolución de todas sus pertenencias.

Ello no fue así, pues le habían secuestrado todo su equipo fotográfico. Todo este atropello se puede resumir en detención ilegal, apremios, e incluso el delito internacional de haber secuestrado los equipos fotográficos a un trabajador de la prensa -quien se había identificado como tal-.

Y así fue como no se hizo esperar la denuncia penal por parte de Greenpeace y de la Confederación Mapuche por no cumplir los estándares mínimos ambientales, sumada a su denuncia personal. La buena noticia es que el pasado 11 del corriente mes Stefan comunicó el recupero de su equipo.

¿Y la mala? Cabe preguntarnos ¿cuán grave es aquello que el estudiante retrató? Pues si bien el muchacho no tenía autorización para ingresar al predio, en este caso el invocar la libertad de prensa para denunciar los abusos cotidianos que se cometen en nombre del fracking y la explotación en Vaca Muerta, a costa del medio ambiente, es razón suficiente.

Lo que le sucedió a Borghardt tiene un trasfondo, como siempre, económico. El exponer el daño ambiental de un negocio millonario tiene sus riesgos, y más cuando el aparato policial sirve a los intereses de los mismos de siempre.

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