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El ocaso del Amazonas

Por Maia Franceschelli

Pocos días han pasado desde la asunción del nuevo Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y ya ha dado de que hablar. Una orden ejecutiva por la cual despoja de funciones a la Fundación

Nacional de Indígenas (FUNAI), lo pone en la mira del mundo. Esta Fundación se ocupaba de todos los asuntos relacionados con las comunidades nativa, de la tarea de localizar y demarcar esas tierras, y debido a la nueva disposición, esta responsabilidad le fue trasferida al Ministerio Agrícola.

La nación hermana cuenta con un 15% de tierras reconocidas como indígenas, principalmente en la zona de la selva amazónica. Esta tierra está reservada para estos pueblos originarios que representa solamente un 0,5% de la población, y son quienes reclaman que este tipo de medidas conduciría a una desforestación y violencia contra su comunidad.

Si bien permanecen ambos Ministerios separados- Medio Ambiente y Agricultura- preocupa el nombramiento de Tereza Cristina da Costa como Ministra de este último, sabida partidaria de los agrotóxicos y la producción de alimentos a gran escala.

Da Costa fue quien dirigió el lobby agrícola en el Congreso y sostuvo que Brasil debe poner fin a su “industria de multas” por infracciones ambientales, haciéndose eco de las críticas
propiciadas por Bolsonaro al Ministerio de Medio Ambiente durante su campaña.

La alarma ante la cuestión debe ser tomada muy en serio. La función de la Amazonía es vital. Acoge una de las mayores biodiversidades del mundo y es considerada clave en la regulación climática mundial. No es en vano que se la considere el pulmón del mundo.

Entre agosto y octubre del pasado año, durante la campaña electoral, la deforestación de esta preciada tierra aumentó casi un 50% en relación al mismo período de 2017. Hasta entonces, las tazas de deforestación habían disminuido un 75%.

Un 17% de la Amazonia ya ha sido destruida y según “la teoría del punto sin retorno”, si esa cifra supera el 20%, probablemente no haya vuelta atrás, con consecuencias catastróficas para el planeta. Les que niegan el cambio climático, como Bolsonaro, rechazan esta realidad.

Dato no menor es la renuncia de la directora de la agencia de protección ambiental, tras la crítica que recibió por el presupuesto que se destinaba al patrullaje de estas tierras, realizada por el primer mandatario vía Twitter.

También Bolsonaro, siguiendo la línea de EE.UU,ha insinuado que sacará a Brasil del acuerdo climático de París, acentuando el temor de una más rápida destrucción de la Amazonia. A su vez, cabe mencionar la firma de otro decreto: a partir de ahora, las organizaciones internacionales y las no gubernamentales serán supervisadas por la Secretaría de Gobierno, oficina que depende de la presidencia.

Además, en diciembre, el hoy flamante presidente, había nombrado Ministro de Medio Ambiente a Ricardo Salles, quien fue hallado culpable ante la justicia de haber alterado mapas en un plan de protección ambiental para beneficiar a las empresas mineras, cuando era secretario de Medio Ambiente en el estado de Sao Paulo durante el 2016.

Parece que el mandatario de ultraderecha comienza así a cumplir sus promesas electorales, entre las cuales incluía el abrir las tierras indígenas a la actividad comercial. ¿Realmente dimensionamos la magnitud de tales acciones políticas y las consecuencias nefastas de las mismas? Sobradas muestras tenemos ante nuestros ojos de que el ser humano atenta contra
la vida de todo el planeta…

¿Cuándo reaccionaremos ante estos atropellos?

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