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Educación sexual e ideología de género

Por Lautaro Peñaflor Zangara

 

Luego del debate por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo parecía haber unanimidad en un aspecto: la necesariedad de más y mejor educación sexual en los establecimientos educativos.

Superada la discusión parlamentaria, las posturas volvieron a distanciarse hasta el punto de lo irreconciliable. Es que tomó vigor una campaña llamada #ConMisHijosNoTeMetas que se opone a la participación del estado en la educación sexual, y a lo que llaman “ideología de género”.

Cuesta definir a qué denominan así. Aparentemente, critican dos cosas: la perspectiva de autopercepción del género, según la cual el mismo se determina por criterios no sólo biológicos -a los que nadie niega- sino también psicológicos, sociales, éticos, y afectivos; y la libertad para descubrir la orientación sexual más allá de la heterosexual. Plantean que educar desde corta edad bajo esta óptica, puede “convertir” a las personas en homosexuales o transexuales.

Haciendo el razonamiento inverso, un paradigma que toda una era consideró válidos sólo la heterosexualidad y los géneros coincidentes con los biológicos, tendría que haber dado como resultado la inexistencia de personas fuera de esas reglas. Eso no fue así, tornando absurdo creer que una educación sexual respetuosa de la diversidad pueda “convertir” a alguien. Sólo ofrece un panorama más amplio, más empático y más vinculado con la realidad.

¿Quién simplemente “elegiría” ser trans en un mundo en el que tienen una expectativa de vida de 40 años, una altísima tasa de criminalización, enormes restricciones laborales y un entorno global discriminatorio? La cuestión va más allá: es la forma en la que cada uno se percibe y del derecho a desarrollar esas identidades con igualdad de oportunidades.

La campaña, de raíces religiosas y originada en Perú, reza entre sus consignas: “la educación de los hijos es obligación de los padres, no del Estado”. Podemos desandarla.

Además de no aclarar que se refiere, imaginamos, sólo a la educación sexual, la frase omite que un 70% de los abusos a niños son intrafamiliares y olvida que no todos cuentan con un entorno capaz de brindarles las herramientas necesarias. Otros ni siquiera tienen familia.

Ante esas desigualdades se vuelve necesaria la participación del estado, para emparejar situaciones disímiles. Un arma importante es la Ley 26206 de Educación Sexual Integral, sancionada en 2006, aplicable a establecimientos públicos y privados, sin importar la orientación religiosa.

Desde el 2009 el Ministerio de Educación elabora material para las escuelas bajo los siguientes principios: ejercicio de derechos, respeto de la diversidad, cuidado del cuerpo, equidad de género y valoración de la afectividad. Lo hace de manera transversal a todas las materias, en todos los niveles educativos adaptando sus contenidos.

La ESI abarca el análisis de los roles de género, la Ley de Trata, el parto respetado, los noviazgos violentos, la protección integral contra la violencia hacia las mujeres, etcétera.

Frente a las características del mundo actual, la educación meramente biologicista (acentuada en la genitalidad e impartida sólo en la pubertad), es reduccionista y retrógrada. En simples palabras, quedó vieja porque no se parece al contexto en el que las generaciones presentes tendrán que desarrollarse.

En el Operativo Aprender de 2017, 8 de cada 10 alumnos y alumnas del último año dijeron que educación sexual y violencia de género son temas que la escuela debería abordar y no lo hace. ¿Quién mejor que los mismos estudiantes para expresar qué necesitan del sistema en el que están inmersos? Enseñamos con lo que decimos, pero también con lo que callamos, y hay temas que los más jóvenes ya no quieren callar.

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