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Dicotomía orgánica

Por Maia Franceschelli

Recientemente Infobae publicó un artículo que versa sobre la cantidad de alimentos orgánicos que exporta Argentina, principalmente a Estados Unidos y Europa, destinándose un 98.8% de la producción total hacia el exterior. Paralelamente, Argentina es líder en la utilización de agroquímicos nocivos como el glifosato.

La noticia asegura que la producción orgánica coloca actualmente a nuestro país en segundo lugar, detrás de Australia, en el ranking de superficie orgánica certificada, con un total aproximado de tres millones de hectáreas.

Por otro lado, de acuerdo a un estudio realizado por la Universidad Nacional de La Plata, en la zona pampeana -región productora principal del país- se ha constatado que las lluvias contienen agroquímicos como glifosato y atrazina, registrándose un 80% de su presencia.

A su vez, sostiene Lucas Alonso -miembro investigador del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA)- existe la movilidad de los plaguicidas. Alonso alude haber dado por tierra el mito que ronda en algunos sitios, el cual sostiene que cuando el glifosato toca el suelo desaparece.

En consonancia, el biólogo profesor asociado de la Universidad de Buenos Aires e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Enrique Rodríguez, afirma que se han detectado en agua de lluvia la presencia de éstos herbicidas. ¿Habrá retorno posible a la vida natural ante este panorama?

También CIMA comprobó que este tóxico -glifosato- está presente en la cuenca del Río Paraná – Paraguay, fuente de agua para consumo, hogar de variadas especies y lugar en el que además se llevan a cabo distintas actividades productivas.

Hace pocos días, el diario Contrapoder confirmó que -tal como ya había denunciado- la muerte de millones de peces en varias provincias argentinas, pertenecientes a la mencionada cuenca, se debe a la presencia de agrotóxicos y no como consecuencia -como habrían expuesto medios hegemónicos- a un cambio de temperatura.

Damián Marino, también biólogo investigador del CONICET y profesor en la Universidad de La Plata, reveló que “en el tramo superior de la cuenca hay concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola, mientras que desde la cuenca media hacia la baja existe una contaminación múltiple con algunos metales y principalmente con glifosato. Son los sitios más afectados. El glifosato es una molécula dominante. El Paraná está en problemas”.

El científico también remarcó que en todas las muestras de agua analizadas se encontró al menos un plaguicida superando el nivel recomendado para toda la biota acuática. Alerta al mismo tiempo que el fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja.

Teniendo en cuenta estas dos caras… ¿realmente podemos confiar en que la producción orgánica no está contaminada, en un país considerado líder en el uso de agrotóxicos? Y si estos alimentos orgánicos son prácticamente en su totalidad exportados… ¿cuáles son los productos que quedan para nuestro consumo?

Continuando con el sin fin de interrogantes… ¿realmente dimensionamos cuán dañina resulta la presencia de estos químicos en uno de los recursos naturales más valiosos de nuestro planeta como es el agua? ¿Será posible pensarnos como dentro del ecosistema y no como hasta hoy, por encima de él?

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