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De eso no se habla

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Dos docentes fallecieron días atrás, mientras viajaban de una protesta en Rawson a Comodoro Rivadavia, ciudad en la que residían. La noticia tuvo cierta repercusión en el momento, pero el tema no ocupó espacios centrales en los medios de comunicación ni en la agenda pública.

La provincia de Chubut se encuentra en una profunda crisis económica y política. El punto más álgido comenzó a sentirse hace diez semanas y, al momento de escribir esta columna, el conflicto continúa y no existen posibles líneas de solución que encaminen hacia una salida.

Mariano Arcioni es gobernador de la provincia desde la muerte del ex mandatario provincial, Mario Das Neves y, además, fue electo para asumir un nuevo mandato en diciembre. No obstante, Chubut está envuelto en una crisis global que abarca un profundo endeudamiento externo (aumentó un 445% en el último período), despidos en los sectores productivos y crecimiento de la pobreza.

El sector público no cobra sus salarios desde hace varios meses y pagar en tiempo y forma fue una promesa de campaña del gobernador reelecto, algo que no sucedió. Por esa razón, las oficinas públicas no atienden, los hospitales y juzgados cuentan con guardias mínimas y en las escuelas no hay clases.

El gobierno chubutense sostiene que Nación no envía dinero; y Nación dice que ya giró las partidas comprometidas por los fondos de coparticipación e incentivo docente. Pero Chubut es una provincia argentina y en nuestro país sólo en el último mes, el dólar se devaluó dos veces. El 88% de la deuda de esa provincia es en dólares, una situación que golpeó fuertemente al distrito sureño, pero, con mayor o menor impacto, se dio en todas las jurisdicciones.

¿Cómo se llaman las docentes que fallecieron volviendo de una protesta? Sus nombres no fueron muy mencionados, a pesar de la gravedad institucional que significa su muerte. De eso, parece ser, no se habla.

Sus nombres son Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar. Tenían 52 y 55 años, respectivamente, y estaban ambas próximas a jubilarse. Jorgelina era docente de lengua y literatura y María Cristina, de economía. Las dos tenían hijos. No se hizo alusión a sus identidades, pero no es algo inusual: los esfuerzos de quienes trabajan en la educación suelen ser anónimos y poco reconocidos.

Salarios al día, cumplimiento del acuerdo paritario y reactivación de la obra social son los reclamos de los docentes. Parecen aspectos básicos, no obstante, se encuentran en movilización prácticamente permanente porque no hay respuestas: el diálogo con la provincia está cortado, aunque sí hubo represión e infiltrados en las manifestaciones.

Si rememoramos, en 2002 Darío Santillán y Maxi Kosteki fueron asesinados por fuerzas policiales en la llamada “Masacre de Avellaneda”, una serie de hechos desencadenada por la represión de una protesta de organizaciones sociales reclamando fondos para alimentos, aumentos en planes de contención y solidaridad para una fábrica en crisis. Como consecuencia directa, el entonces presidente de transición -Eduardo Duhalde- consideró que su autoridad se había deslegitimado, y convocó a elecciones.

Aquí no hubo asesinatos, sino un accidente de tránsito, pero sí existen una similitud y una diferencia: en primer lugar, fallecimientos en un contexto de protesta por derechos de los más básicos y, en segundo término, la muerte de Jorgelina y María Cristina no generaron mayor reflexión.

Arcioni apoya al Frente de Todos y ningún actor político de la coalición opositora quiere que la situación empañe la ola triunfalista posterior a las PASO. Tampoco Juntos por el Cambio puede permitirse, en una situación crispada, cargar con una provincia en estado de descontrol a un mes y medio de las elecciones. La consecuencia: de eso no se habla. (Artículo de opinión especial para CAMBIO 2000)

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