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Cooperativa Textil El Garage: sus 10 años de trayectoria y su presente

Patricia Casey, socia fundadora, repasó la década de la cooperativa que, tras un duro inicio, pudo en 2012 lograr la licencia del INAES. Y después de verse perjudicada en los últimos cuatro años, nuevamente se encuentra en una etapa de crecimiento. Emplea a 30 personas.

COOPERATIVA TEXTIL EL GARAJE. Hoy emplea a 30 personas, divididas en dos grupos.

CARHUÉ (Cambio 2000).- “La Cooperativa Textil El Garage nació en 2010 a través de un proyecto del COPRODESU, de Coronel Suárez, y en principio funcionaba justamente en el garage de mi casa; de allí su nombre”, dijo a CAMBIO 2000 la socia fundadora Patricia Casey.

“Desde el Consejo para la Producción y el Desarrollo habían armado un proyecto regional que incluía no sólo a Coronel Suárez, sino también emprendimientos de Guaminí, Laprida, Huanguelén y Carhué. En el proceso fueron quedando al costado del camino los demás, permaneciendo sólo Suárez y nosotros, que en los primeros tres años estuvimos abocados sólo a fabricar guardapolvos para el Ministerio de Desarrollo Social”, recordó.

“El inicio fue duro para nosotros, porque Carhué es un lugar que no tenía antecedente textil, y cada persona que se integraba a la cooperativa significa un comenzar de cero. Había que hacer las capacitaciones y todo el proceso fue complejo”, admitió Patricia Casey.

“A ello -continuó-, había que sumarle que a veces, trabajar para el Estado tiene sus particularidades, porque los pagos se demoran, lo que no es fácil de sortear por quienes recién comienzan, que encima debían ejecutar cada acción con el pase previo por el COPRODESU, y eso complicaba la cuestión”.

“Luego comenzamos a diversificar un poco la producción; con muchísimo esfuerzo fuimos adquiriendo más máquinas, ya que el comienzo había sido todo a pulmón, con todo usado, prestado o donado. También con el paso del tiempo logramos armar un lugar físico propio, en una propiedad que me había heredado una tía; es el espacio ubicado en calle Sarmiento entre Pringles y Avellaneda que ocupamos actualmente, al cual nos mudamos tras hacer algunas reformas”, expresó.

“Ya en la nueva localización comenzamos a hacer productos textiles propios, por ejemplo para clubes, y fuimos especializándonos en estampería; primero con serigrafía y más tarde sublimación”, agregó.

“Hacíamos frente a todo lo que fuese surgiendo, presentábamos presupuestos, con todo lo que ello implica en un rubro que es tremendamente diverso, e inestable, porque a veces hay mucho trabajo, y otras no hay nada. A eso hay que sumarle que cada vez que se arma un grupo, no es fácil sostenerlo, porque justamente la inestabilidad del trabajo, eventualmente hace que la gente se vea obligada a irse a buscar nuevos rumbos, y es necesario armar nuevos equipos de tareas, capacitar, y volver a hacer girar la rueda. O sea que el principio fue bastante complejo”, destacó Patricia Casey.

“Resistimos como pudimos”

PRODUCCIÓN. Actualmente en la cooperativa textil fabrican mamelucos plastificados para La Serenísima.

“Así estuvimos hasta que en 2012 logramos la licencia del INAES, lo que constituyó un paso importante ya que nos permitió adquirir algunas otras herramientas y terminar de armar el taller”, subrayó Casey.

“Así fuimos transitando nuestra historia, hasta que en los últimos años que transcurrieron pasamos mucha zozobra. Nos estaba resultando imposible sostenernos, se hacía difícil afrontar el pago de los servicios, los insumos aumentaban de una manera increíble y sentíamos que no podíamos trasladar los costos al producto final, con lo cual prácticamente nos quedamos sosteniendo el taller para no cerrarlo, porque sabíamos que si eso sucedía, luego se tornaría muy difícil reabrir y ponerlo a producir”, resaltó.

“Resistimos como pudimos, y nos vimos muy perjudicados en los cuatro años pasados, durante los cuales lo poco que trabajábamos era únicamente para pagar gastos, y siempre quedaba algo afuera, si no era la luz, era un cheque que no podíamos respaldar; fue angustiante, y para el rubro, esos vaivenes del país son perjudiciales, porque no hay manera de proyectar de manera sostenible”, aseveró la integrante de El Garage.

Dijo que “sorteado ese trance, hace dos meses tuvimos una propuesta por parte de un privado que vive en Pigüé, quien estaba asociado con una persona de Neuquén, que estaba trabajando con el Ministerio de Salud de esa Provincia, y nos solicitó la fabricación de barbijos”.

“Eso fue para nosotros como un salvavidas porque no estaba saliendo absolutamente ningún producto; estaba todo parado a causa de la pandemia, pero de la mano de este proyecto nos pusimos a trabajar. Pero como otras tantas veces, volver a empezar significó capacitar a nuevas personas, formar equipos, y tuvimos que poner en valor una serie de cosas que antes no habíamos podido, como refaccionar máquinas, reparar la instalación eléctrica del taller, y mejorar las condiciones en general”, puntualizó.

“Cuando finalizamos con la producción de barbijos dimos inicio a la fabricación de camisolines, también para la misma persona, que comercializaba parte en Neuquén y parte en CABA, hasta que logramos un subcontrato con La Serenísima, también a través de esta persona, que nos aporta la totalidad de los insumos, se encarga de traérnoslos, así como también retira la producción, lo que para nosotros es una enorme ventaja”, destacó Patricia Casey.

Trabajo para 30 personas

PATRICIA CASEY, SOCIA FUNDADORA. «Vivimos el día a día, y si bien tratamos de lograr una estabilidad, sabemos que es muy difícil en estos tiempos arribar a ese objetivo».

“Para La Serenísima fabricamos mamelucos plastificados, de los cuales estamos produciendo entre 1000 y 1500 por semana, de acuerdo a cómo se nos van suministrando los materiales, porque la tela que se utiliza, está muy demandada. Y abocados a la tarea tenemos un grupo de 30 personas, que trabajan divididos en dos grupos, uno de 7:00 a 14:00, y otro de 14:00 a 20:30; de esas 30 personas, en el proceso se capacitaron 24, lo que fue bastante difícil”, puso de relieve Casey.

“Vivimos el día a día, y si bien tratamos de lograr una estabilidad, sabemos que es muy difícil en estos tiempos arribar a ese objetivo; pero la idea es la continuidad con un grupo ya afianzado, lo que consideramos fundamental en el rubro, porque contar con capital humano especializado y con capacidad de producción es el punto central de la cuestión”, expresó.

“Tenemos 34 máquinas industriales más todo lo que es estampería, tanto para serigrafía como sublimación, y la parte del taller de corte; son como tres cosas diferentes en las que a veces trabajamos a fazón, y otras veces hacemos todo; o sea que podemos diversificarnos”, señaló.

Patricia Casey destacó que “es interesante formar parte de una cooperativa; sólo que en nuestro caso, debido a la inestabilidad del trabajo se producen continuamente altas y bajas entre los integrantes y hay que estar regularizando permanentemente esa cuestión; pero somos optimistas en cuanto a nuestro proyecto”.

“Hemos presentado presupuestos y ofrecido los servicios vinculados a lo que es ropa descartable; y en conjunto con cooperativas de la zona, estamos a la expectativa de que salga el trabajo de fabricación de una enorme cantidad de camisolines, que de darse, nos otorgaría estabilidad por lo menos de acá a un año, lo que sería interesantísimo y muy tranquilizador”, resaltó.

“Entendemos que estamos en el momento justo para afrontar un trabajo de esas características; disponemos del grupo conformado, y tenemos una previsión real de la capacidad de producción: Estamos contentos con lo que viene sucediendo en los últimos meses, y no creo que en Adolfo Alsina se estén generando muchos proyectos laborales de las características del nuestro”, puso de relieve.

“A la Cooperativa la integramos en su mayoría mujeres, aunque hay cinco varones; entre las 25 mujeres hay muchas que están solas, con hijos, y creemos que es fundamental que haya un lugar así para que podamos desarrollarnos laboralmente. Además, es un ambiente en que se apuntala permanentemente lo que es trabajar en grupo, enmarcados en los valores y principios que se plantean desde el cooperativismo, desde donde evaluamos proyectos, analizamos, ejecutamos y vamos tratando de darle un rumbo a la actividad y crecer”, concluyó Patricia Casey, integrante de la cooperativa textil El Garage.

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