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Contaminación invisible

Por Maia Franceschelli

Internet es una silenciosa manera de contaminar a la Tierra. Esto se debe entre otras cosas a la poca concientización sobre su uso. Importantísimo ha sido el crecimiento de las redes sociales y plataformas que nos ofrecen un mundo ilimitado virtualmente pero que representa grandes costos para nuestro planeta.

La red se ha convertido en una herramienta muy poderosa de la economía global moderna, creando y alimentando insaciablemente el apetito que ha generado en sus usuarios a través de mensajes, fotos y videos en streaming en todo el mundo y sustentando al mismo tiempo sistemas cruciales que soportan infraestructuras financieras, de transporte y comunicación.

Según estudios realizados por la ONG Greenpeace, Internet genera cuatro áreas principales de demanda de energía: centros de datos, redes de comunicación, dispositivos de los usuarios finales y la energía necesaria para fabricar los equipos que se requieren para los tres anteriores. 

El consumo energético debido al uso de nuestros dispositivos electrónicos ha sido históricamente la parte dominante de la demanda de electricidad del sector de las tecnologías de la información.

Se calcula que la huella energética del sector de las tecnologías de la información equivale ya a un consumo de aproximadamente el 7% de la electricidad mundial.

Cuando introducimos un término en un portal de búsqueda, nuestra consulta se dirige a varios servidores que se encuentran a miles de kilómetros y que compiten entre ellos; el portal muestra el que responde más rápido. Este sistema, que minimiza los retrasos en las búsquedas, aumenta el consumo de energía de los servidores que los buscadores poseen.

La industria de Internet y los servicios de voz y video en la nube contaminan el medio ambiente, emitiendo más de 830 millones de toneladas de CO2 anualmente. Llevándolo al plano gráfico, la realización de dos búsquedas en Google desde nuestras computadoras puede generar la misma cantidad de dióxido de carbono como una tetera que hierve una taza de té.

La buena noticia es que se está llevando a cabo un aumento significativo en la priorización, por parte de las compañías y plataformas digitales, del uso de energías renovables. La mala noticia es que muchas de ellas están siguiendo un camino que es mucho más de fachada que realmente transformador.

La teoría resulta muy encantadora pero no trasciende de ello si el compromiso no resulta traducido en las acciones. Si todas las empresas que construyen -principales responsables- y cada uno de los consumidores de Internet que alimentamos la infraestructura digital del mundo, repensamos la forma en que lo hacemos, podremos lograr una transición hacia energías renovables.

Y esto resulta realmente imperioso si queremos lograr evitar los efectos más peligrosos del cambio climático.

Particularmente, desde casa debemos empezar a tener una relación responsable con esta herramienta. Así como se recomienda que cada vez que dejamos de usar algún electrodoméstico lo desenchufemos, deberíamos aplicar la misma metodología con el mundo virtual, por ejemplo eliminando cuentas que no utilizamos, controlando nuestros archivos de las nubes y realizando limpiezas en las mismas.

Pero quienes detentan mayor responsabilidad ambiental por la envergadura de sus industrias son los primeros que deben redireccionar sus acciones para empezar a cambiar el estado de cosas en el que estamos inmersos. (Exclusiva para Cambio 2000)

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