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Cinco lecciones que nos deja el movimiento de mujeres

Por Lautaro Peñaflor Zangara

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer. De un tiempo a esta parte, este día se resignificó: ya no se trata -o al menos no en su totalidad- de obsequiar flores, cenas o bombones sino que actualmente, el 8 de marzo es una jornada de lucha.  

En esta fecha se reclama el acceso igualitario a derechos, se realizan manifestaciones y se reivindica el rol del género en la sociedad. Siguiendo esta perspectiva desandaremos cinco ámbitos en los que el movimiento feminista es inspirador para el conjunto.

1. Es transversal a toda la sociedad. A nadie le es esquivo el feminismo. Desde la representación parlamentaria hasta las agrupaciones barriales, pasando por los puestos gerenciales de una empresa, todos tenemos en nuestra agenda los temas de género.

Supieron establecer sus inquietudes en todos los ámbitos, sin distinción. Hablamos de femicidios -quizás el último eslabón en una larga cadena de violencias- pero también de machismo en el humor, en el deporte, en los lugares de trabajo, en cada hogar, en la infancia…

El feminismo está haciendo sucumbir las bases patriarcales que cimientan nuestro status quo. En alguno de sus puntos, todos nos sentimos interpelados. Esa capacidad de atravesar el tejido social entero, habla de la certeza de sus mensajes.

2. Muestra la importancia de lo colectivo. El movimiento feminista comprendió, más temprano que tarde, que las demandas del género las atañen a todas. Históricamente, desde grupos como “Las Sufragistas”, las mujeres se organizaron trascendiendo la individualidad. En este punto radica parte de su poder: comprendieron que sus consignas tienen un gran componente político y que, atomizadas, la potencia no es la misma.

La muestra más cabal es el Encuentro Nacional, ocasión en que miles de mujeres se reúnen año a año a debatir en decenas de paneles. Si imagináramos ese nivel de confluencia en otros aspectos, por ejemplo la clase social, tomaríamos dimensión de la importancia de los reclamos  colectivos.

3. Es consciente, empático y estratégico. Es difícil reconocerse víctima de algún tipo de violencia. Pero las mujeres supieron generar amplias redes de contención. Acuñan el concepto de “sororidad”, expresión que alude a la solidaridad entre mujeres.

Saben dirimir sus internas y priorizar ciertos temas, a la luz de cada momento. Existen gran cantidad de “facciones” o variantes dentro del movimiento pero su gran ordenador es la capacidad para resolver sus diferencias internas, sin poner en riesgo el momento de cambio que se está viviendo.

4. Es amplio, diverso y plural. El feminismo cuestiona el orden patriarcal que domina en la sociedad. El modelo social que proponen también cuestiona los roles de género hegemónicos, la heterosexualidad obligatoria, fomenta las infancias libres y apoya la autopercepción de género.

El movimiento feminista tiene como aliado al movimiento LGBTI+ y promueve una sociedad más abierta y menos opresiva, acabando por beneficiar a la totalidad de las personas.

5. Evidencia que luchar permite obtener resultados concretos. Si existe un movimiento contemporáneo con la capacidad de motorizar cambios profundos en la matriz social, es el de mujeres. Su potencia transformadora es visible, pero también lo son aquellos logros que han ido obteniendo.

Desde la capacidad de instalar temas en el debate público -como sucedió con el aborto que llegó al Congreso- hasta problematizar el número de cargos de primera línea ocupados por ellas en el ámbito privado y lograr que cada familia hable de feminismo, la suya es una construcción paso a paso, pero con un alto techo que inspira y motiva a seguir por más.

Estas son sólo algunas de las aristas que podemos observar en el movimiento de mujeres y que hoy, en su día, es válido recordar y reflexionar.

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