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Calentamiento ¿global?

Por Maia Franceschelli

Ahora que explotó la olla climática y que ya no hay modo de hacer la vista a un lado con todos los acontecimientos que nos atraviesan, es momento de hacer algo al respecto. Pero, a pocos días de haberse realizado la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas, la incertidumbre continúa entre nosotros.

Líderes mundiales de 77 países se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero neto para 2050, mientras otros 70 países anunciaron que aumentarán la ambición de sus planes de acción nacionales para 2020.

Lo cierto es que la resolución que emana de la ONU no es vinculante, por lo que la misma tiene carácter de recomendación, es decir, no hay obligación real de respetar lo acordado.

Por otro lado -y de mayor peso aún-, Estados Unidos no concurrió a dicho encuentro, puesto que se ha retirado del Acuerdo de París, al año posterior a su firma en el 2016. El texto tiene como objetivo, de acuerdo a lo que versa en su artículo 2, “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”.

Paradójicamente, el país norteamericano es, por detrás de China, el segundo país del mundo que más gases de efecto invernadero genera, los cuales contribuyen de forma directa al calentamiento de la Tierra. Por ende, los resultados esperados por dicho acuerdo, se convierten en utópicos.

La BBC realizó en el año 2017 un reportaje al respecto, y el resultado fue abrumadoras cifras que mostraron hasta qué punto Estados Unidos tiene responsabilidad en el fenómeno del cambio climático. A lo largo de 160 años (1850-2011) este imperio ha sido el mayor emisor de dióxido de carbono, a través de la quema de combustibles fósiles como el petróleo y sus derivados, el gas y carbón.

Cabe mencionar también que los países llamados “industrializados”, como los que conforman la Unión Europea, son quienes registran las más altas cifras de contaminación.

Por su parte, la Cumbre también contó con participación de los jóvenes -entre los cuales se encontraba el argentino Bruno Rodríguez- dándole voz a sus reclamos la activista medioambiental sueca, Greta Thunberg. Entre las cuestiones destacadas de su discurso, debemos mencionar la denuncia que realizó hacia la Argentina, junto a Brasil, Francia, Alemania y Turquía, por no proteger a los niños ante el impacto que genera el cambio climático.

Haciendo un análisis de lo expuesto, cabe destacar que tanto Argentina como Brasil, son dos países Sudamericanos que han sido colonizados -y continúan- por la visión antropocéntrica occidental europeizante, visión que llevada a la acción material destruye toda vida a su paso.

Nuestras tierras, castigadas desde antaño por los grandes monstruos imperiales, han sido y continúan siendo saqueadas y destruidas, con éxodos de las culturas autóctonas que han vivido milenariamente en armonía con la naturaleza.

Estas comunidades hace tiempo gritan a viva voz que el hombre blanco continúa masacrando sin remordimiento alguno, pero algunas voces, parece, conviene que no sean escuchadas.

Berta Isabel Cáceres Flores fue una líder indígena lenca, feminista y activista del medio ambiente hondureña, asesinada por su lucha en el año 2016. 

Como Cáceres, hay muchos defensores de la naturaleza, pertenecientes a pueblos originarios o nacidos en tierras no occidentalizadas, pero sus luchas no suelen tener repercusión. Peor aún, sufren en carne propia la persecución y aniquilamiento de sus pares, como también de sus centros de vida y cosmovisión.

De acuerdo a un estudio realizado por la compañía Global Witness (ONG), cada semana del año 2018 fueron asesinados tres defensores ambientales en el mundo. Un total de 164 personas fallecieron por defender sus tierras y América Latina es donde se produjeron el 51% de las muertes. Mientras los datos extraoficiales son incalculables.

En los países latinoamericanos donde imperan necesidades sociales más urgentes, producto de la colonización de estas tierras por parte de quienes hoy nos demandan mayor cuidado, debemos darle espacio también a las voces autóctonas que vienen reclamando hace ya tiempo, y muchas de las cuales, lamentablemente, ya tienen una lápida con su nombre. (Artículo de opinión para CAMBIO 2000)

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