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Arbocalipsis

Por Maia Franceschelli

Desde edad muy temprana se nos ha enseñado que los árboles son importantes para nuestra vida. Sabemos que son los responsables de absorber el dióxido de carbono que producimos, y que a cambio de ello liberan el oxígeno que respiramos.

Este lazo tan vital que nos une, parece despreciarse conforme el ser humano avanza en el tiempo. Estos seres, hogar de la mayor parte de la fauna global, son fuente de alimento tanto para los animales como para los seres humanos.

Tienen una función vital en la prevención de las erosiones de los suelos porque mantienen la humedad, fijándolos y drenando el agua. Y así, absorbiendo y almacenando, previenen inundaciones.

Nos protegen del sol y la lluvia. Abrigándonos, puesto que cortan el viento, filtrando los polvos, cenizas, humos, esporas, polen y demás impurezas.

También nos refrescan con sus sombras y en las grandes ciudades tienen la capacidad de regular la temperatura, con lo que disminuye “la isla de calor” que se forma en éstas concentraciones urbanas y esto implica una disminución en el consumo de energía que utilizamos.

Reducen la contaminación acústica al servir como aislantes, amortiguando los ruidos. Plantados en arreglos especiales alineados o en grupos, las cortinas de árboles abaten el ruido desde 6 a 10 decibeles.

Nos proveen de madera, medicina, cosméticos e incluso, cuando están en proceso de descomposición permiten la obtención de abonos naturales que pueden ser utilizados como enmiendas para la nutrición de las plantas y el mejoramiento de las condiciones fisicoquímicas del suelo.

Sus bondades son múltiples y dignas de ser consideradas esenciales para la supervivencia de todas las especies en la Tierra. Pero el ser humano se empeña en arremeter contra esta fuente de vida.

De acuerdo a un estudio realizado por investigadores del Jardín Botánico Real Kew de Inglaterra y la Universidad de Estocolmo -Suecia- publicado por la revista Nature, Ecology & Evolution, en los últimos 250 años, casi 600 especies de plantas han desaparecido, más del doble del número de mamíferos, pájaros y anfibios extintos.

De acuerdo con los científicos, la aniquilación de plantas está ocurriendo 500 veces más rápido que la tasa de extinción natural. Incluso se estima que estos datos subestiman las reales cifras de especies desaparecidas hasta la actualidad.

Los números son alarmantes, y no hay pronósticos positivos al respecto. Solamente entre los años 80 y los 2000 se han perdido 100 millones de hectáreas de bosques tropicales, siendo la ganadería en América del Sur y las plantaciones de aceite de palma en el sudeste asiático las principales responsables de este resultado.

Si queremos seguir contando con sus infinitas bondades debemos tomar conciencia de inmediato y en consecuencia actuar. 

La mayoría de las personas pueden nombrar un mamífero o un ave extinta en los últimos siglos, pero… ¿y las plantas? (Especial para Cambio 2000)

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