Edición On Line
Año XI- N° 620 - 05-10-17
Carhué - Argentina
EL REPORTAJE / BELÉN MONTENEGRO
“Carhué me adoptó y eso lo agradezco mucho”
Belén Montenegro. “Me gusta mucho todo lo que hago”.
“Recién termino de castrar. Dame un rato y hacemos la entrevista”. Era sábado a la tardecita y Belén Montenegro envió este mensaje, luego de una larga jornada en la casilla de castración gratuita. Esa situación pinta a la perfección a nuestra entrevistada. No hay mejor forma para describirla.
Belén es oriunda de un pequeño pueblo al norte de Córdoba, Villa Tulumba, pero vive hace más de dos décadas en nuestra ciudad. Es veterinaria, profesora y una persona muy activa en distintas actividades sociales. Dialogamos con ella sobre su trayectoria en estos ámbitos, su familia y sus proyectos.
- ¿Cómo llegaste a Carhué?
- Viví en muchos pueblitos de Córdoba, hasta que me fui a estudiar Veterinaria a Río Cuarto. Ahí surge el motivo por el que estoy acá: conocí a Gabriel, la persona con la que me casé, también veterinario. Sus padres son de esta zona y sabíamos que cuando nos recibiéramos íbamos a venir acá a hacernos cargo del campo de su familia.
- ¿Por qué elegiste la medicina veterinaria?
- Mi papá dice que cuando tenía cinco años ya le decía que iba a ser veterinaria. Fue mi vocación de toda la vida. Mis opciones eran veterinaria o docencia, sólo dudé al momento de tomar la decisión. Volvería a elegirlo, después de 26 años en la profesión.
- ¿Qué es lo bueno y lo malo de ser veterinaria?
- Lo bueno son los pacientes y lo malo son los dueños de los pacientes. Yo me dedico a los pequeños animales y no deja de ser un trabajo médico. Tuve que atender perros a cualquier hora, y ahí salía cuando eran clientes míos. El primer tiempo acá era la única que me dedicaba a los pequeños y era más enloquecedor. Ahora vinieron muchos colegas y se atomizó.
En simultáneo a la atención de animales, Belén se dedicó a la docencia. Lo hizo con una gran proactividad, dejando una significativa huella en las distintas instituciones educativas por las que pasó. Tras haber contribuido a la formación de varias generaciones, recientemente se jubiló.
- ¿Cómo definirías el rol del docente?
- Ser docente es totalmente una vocación. La misma vocación que tengo por la veterinaria la tengo por la docencia. Ser docente es participar, es colaborar, sobre todo con los chicos. Eso de que te puedan venir a tocar el timbre en cualquier momento. Los alumnos sabían que podían contar conmigo, con y sin hijos a cuesta, pero ahí estaba.
- Tus alumnos te aprecian por la forma que tenés de encarar el trabajo docente…
- Quedaría mal que lo diga yo, pero me doy cuenta del cariño por los saludos, por los recuerdos. Me enorgullece mucho. Ser docente no es sólo la tiza y el pizarrón: son las charlas, los temas de la vida… El camino teórico lo encontrás en cualquier lado. Siempre me gustó hacer pensar a los alumnos y cuando les cae la ficha, esa cara de sorpresa que aparece, es lo mejor para mí.
- ¿Pensabas jubilarte a esta edad?
- Uno cuando empieza no proyecta el futuro. Cuando vine a Carhué empecé en el bachillerato nocturno, lugar que me gustó mucho. A medida que pasa el tiempo ves que tus compañeros se jubilan, que estás entre los más viejos de la escuela, que te coinciden los años de edad con los de trabajo, que la educación ya no es el lugar en el que te sentías cómodo para participar… Entonces empecé a pensar en dejar lugar para la gente nueva. Tuvo que ver con varias cosas.
- ¿Lo mejor y lo peor de la docencia?
- Lo mejor es el reconocimiento, que te saluden en la calle, que salgan los recuerdos… Lo peor es el sistema educativo actual. Hay mucha falta de respeto y hay muchas manos atadas. Eso es complicado por mi forma de enseñar. Los chicos salen con muy poca calidad educativa, y después se golpean en la universidad. No hay conciencia de lo que es sentarse a estudiar ocho horas. Hay mucha falta de familia, en el sentido de la presencia. Pero yo apuesto a que va a mejorar.
“Participación” es una palabra que surgió en reiteradas oportunidades y marca la impronta de Belén en todo lo que emprende. Sumado a su profesión, tiene mucha presencia en diversas actividades sociales.
- ¿Cómo fue tu trabajo en el Albergue Catón?
- Hoy estoy un poco alejada del Albergue. También tiene que ver con dejar el lugar a personas nuevas. El trabajo es muy fuerte, de mucho esfuerzo físico: hay entre 160 y 170 perros que mantener, alimentar, curar… Se realizan campañas de adopción, pero se logra dar 10 y llegan 15 cachorros.
- ¿Y con el móvil de castración?
- Es algo que realizamos casi todos los sábados y nos ocupa todo el día. Se castran cerca de 20 animales por jornada, y viajamos a todo el partido. La Municipalidad colabora muchísimo, y trabajan ocho o diez chicos voluntarios que van rotando. Si ellos no están, la actividad se cae. Tenemos una lista en la que la gente se anota, disponible en la veterinaria en la que trabajo o en la Dirección de Bromatología, al lado del Hospital. El día anterior nosotros llamamos dando los turnos.
- ¿Cuál es el objetivo de la campaña?
- Disminuir la población canina y felina, pero no disminuye. Porque el animal problemático no es el que llevan a castrar, sino el de las personas que no son responsables y dejan que sus perras tengan cría y piensan “total los tiro en el Albergue”. Una tarea muy importante que realizan las voluntarias es captar animales de la calle en celo y llevarlas a castrar.
- ¿Y cómo se puede colaborar desde el lugar de cada uno?
- Primero desde la concientización sobre la importancia de cuidar a los animales, de castrar. Hay muchas formas de evitar que una perra tenga cría, hay campañas de castración gratuita… ¿qué nos está pasando? Es importante la cuestión de las razas peligrosas, como los pitbulls: no son perros para cualquiera, hay que saber educarlos, y aun así tienen su temperamento. También se puede ayudar asociándote en el Albergue Catón, con una cuota accesible que pasan a cobrar por tu casa.
- Con todas las actividades, ¿queda tiempo para la familia?
- Estuve muy ocupada en las cosas que me gustaban, pero también era necesario porque eran ingresos para la familia. El tiempo que pude dedicarle, se lo dediqué y siempre fue tiempo de calidad. Si tuviera que volver a empezar, quizás me organizaría de otra forma, pero me gusta mucho todo lo que hago.
- Ahora con un poco más de tiempo libre ¿tenés proyectos a futuro?
- Estoy contenta de tener más tiempo libre y menos exigencias. Espero dedicarle más horas a estar en mi casa. Mis hijas y mis padres están en Córdoba, así que tengo ganas de estar con ellos. Siendo dentro de todo joven, tengo mucha energía y seguro van a venir proyectos nuevos.
- ¿Algún mensaje para cerrar?
- La gente de Carhué me conoce por todas mis actividades, y la verdad que estoy muy contenta de que la localidad me haya adoptado y me haya recibido como me recibió. Eso lo agradezco mucho.

Publicado el 05-10-17